Por qué los espiritistas no tienen terror a la muerte

(10.) La doctrina espiritista varía completamente el modo de mirar el porvenir. La vida futura no es ya una hipótesis y sí una rea­lidad. El estado de las almas después de la muerte no es ya un sistema, sino un resultado de la observación. El velo se ha descorrido, el mundo espiritual se nos manifiesta en toda su realidad práctica. No son los hombres los que lo han descubierto por el esfuerzo de una imaginación ingenios,¡, sino los habitantes mismos de esos mundos que vienen a descubrirnos su situación. Los vemos allí en todos los grados de la escala espiritual, en todas las fases ele la dicha v de la desgracia. Presenciamos todas las peripecias de la vida ele ultratumba. Ésta es para los espiritistas la causa de la sere­nidad con que miran la muerte, y de la calma de sus últimos instan­tes sobre la Tierra.

Lo que les sostiene no es solamente la esperanza, sino la certi­dumbre. Saben que la vida futura no es más que la continuación de la vida presente en mejores condiciones, y, la esperan con la misma confianza con que esperan la salida del sol después de una noche tempestuosa. Los motivos de esta confianza están en los hechos de los que son testigos, y en la concordancia de estos hechos con la ló­gica. la justicia y la bondad ele Dios, y las aspiraciones íntimas del hombre.

Para los espíritus el alma no es ya una abstracción. Tiene un cuerpo etéreo que hace de ella un ser definido, que el pensamiento abarca y comprende. Esto es ya mucho para lijar las ideas sobre su individualidad, sus aptitudes y sus percepciones. El recuerdo de aquellos seres queridos descansa sobre algo real y positivo. No nos los representamos ya corno llamas fugitivas que nacía recuerdan al pensamiento, sino bajo una forma concreta que nos los manifiesta mejor como seres vivos. Además, en lugar ele estar perdidos en las profundidades del espacio, están a nuestro alrededor. El inundo corporal y el mundo espiritual están en perpetuas relaciones, y se asisten mutuamente. No cabiendo ya duda sobre el porvenir, el temor a la muerte no tiene razón de ser. Se la ve venir con sereni­dad, como a una libertadora, como la puerta de la vida y no como la ele la nada.


Extraído del libro:


El cielo y el infierno. Allan Kardec

Un comentario en este artículo.

  1. joce el día Sábado, 5, Abril 2008 a las 6:44 am

    Yo converse con una persona y despues me entere que habia muerto hace 3 años

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