Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujeta en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesando sobre su espalda. Una de las vasijas era mas vieja que la otra y tenia pequeñas rajaduras cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía. Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto.
La vasija mas joven siempre muy orgullosa de su desempeño y tenia la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por no cumplir apenas la mitas de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras era el fruto de mucho tiempo de trabajo. Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con el:
-Quiero pedirte disculpas, ya que, debido mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo:
-Cuando regresemos, por favor, observa cuidadosamente el camino.
A si lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
-¿Ves cómo la naturaleza es más bella por el lado que tú recorres? –comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres- y tú las as regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mí casa, alimenté mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tu no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?
Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado.»
PAULO COELHO
Me lo a mandado un hermano muy querido, llamado Manuel Flores de Jaén, y yo lo comparto con todos vosotros.
Publica un comentario: