Iluminados consejos de la poetisa Griega “SAFO”

-Las luces del Todopoderoso iluminen vuestras almas para que os llenen de gozo, de sabiduría, de amor y virtud, porque haciendo vosotros un sacrificio que sea la resultante de vuestra fe y voluntad, la dicha que recibiréis de nuestro Padre excelso no se marchitará jamás. Vuestros pensamientos irradiarán en todas direcciones con haces de luz muy penetrantes, claros y bellos. Vuestros corazones latirán fuertemente porque el alma que los conmueve y los hace vibrar intensamente está dichosa, alegre y risueña por haber cumplido fielmente el mandato divino, escri­biendo con caracteres muy grandes y llenos de luz las palabras DIOS, ESPERANZA y FE. Cuando os identifiquéis con esos preceptos superiores os impregnaréis de luz y entendimiento, y por donde quiera que en los infinitos caminos de Dios se deslicen vuestros espíritus, marcharán lumi­nosos, venciendo la inercia que habéis tenido antes gracias a la velocidad colosal del pensamiento y de la luz bellísima que anima el cohete que os llevará al Infinito.

Todos estáis escribiendo vuestra historia, todos anotáis vuestros he­chos, todos ponéis entre líneas los actos más conmovedores, más salien­tes y más significativos que tenéis en vuestra vida. Cuando estéis en el otro plano y leáis con tranquilidad, sosiego y escrupuloso análisis esa escritura de vuestra historia, muchas veces, por circunstancias muy espe­ciales, os quedaréis tristes porque habéis entrelineado una cosa que no era lo justa y razonable que debía ser. Y entonces, como no os domina ninguna influencia material, necesidad corporal ni el orgullo puede ya influir en vosotros, desearíais, con todo vuestro entendimiento y vuestra alma, borrar aquella pequeña falta, interlineando otra cosa muy distinta, y como Dios ve que vuestro arrepentimiento es sincero, lleno de fe y fortaleza, os perdonará y pondrá entre líneas: «Bendito seas, hijo mío, que los ángeles han reído porque te has arrepentido de tu falta.»

Así, hermanos queridos, con todo mi amor, con la muy escasa luz de mi entendimiento, pero con una fe y fortaleza muy grandes, os reco­miendo que seáis fuertes y seré¡s dichosos, que seáis caritativos y seréis felices, que no pongáis nubes en el horizonte de vuestra vida para que siempre lo halléis despejado y las rientes auroras boreales, con sus cam­biantes de colores, os iluminen y os hagan dichosos al admirar tanta luz, tan perfecta y tan divina. Si lo hacéis así, el camino os será corto para ser sabios, y siendo exactos en vuestro cumplimiento y deberes para con la Ley, no solamente conseguiréis la sabiduría, sino que recibiréis el premio de la santidad. El camino es muy largo, pero muy bello, ya que las espinas, al hacer brotar la sangre de nuestro sentimiento (perdonar el símil) no hieren, no hacen daño, sino que nos recuerdan que hemos pisado mal, e inmediatamente rectificamos y pisamos bien, poniendo en ello todo nuestro arrepentimiento, nuestra fe y nuestro amor.

Como los escritores de vuestra historia sois vosotros, no os podéis equivocar: La habéis escrito con vuestros actos y vuestros pensamientos, reflejándose allí, sin Interferencias de ninguna clase, la exactitud de vuestro paso por la tierra. Por ello encaminaos por buen camino, porque si así lo hacéis, cuando después leáis vuestra historia os llenará una dicha incomparable que no tiene semejanza con ninguna de la tierra.

Envueltos en esa dicha miraréis; nunca hacia atrás; miraréis siempre adelante, que es donde está la perfección, la Ley, el trabajo y la eternidad, donde nos haremos merecedores de la grandeza y la bendición de DIOS.

En las malas épocas olvidaos de vosotros mismos. Tolerar las estre­checes, las vicisitudes y la maledicencia de la humanidad y pedir siempre para los demás, porque si aquellos por los que pedís se redimen, ellos, en su agradecimiento, pedirán cumplidamente por vosotros al Todopoderoso. Que Su amor y Su luz descienda sobre vosotros. Buenas noches: SAFO.

Nota: Safo, poetisa griega que floreció en el siglo VI antes de Jesu­cristo. Sus versos merecieron la admiración de la antigüedad, que por boca de Platón la reconoce como la «décima musa». Cátulo y Horadio, entre otros, adoptaron el metro sáfico, cuya invención se le atribuye.

Extraído del libro “ Desde la otra vida”

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