A la orilla del camino había un hombre sentado, cuando vio venir, hacia él a otro individuo que andaba lento, con la mirada hacia abajo. Y al llegar frente al que descansaba, éste le preguntó: ¿Acaso se le ha perdido algo? - Sí que la he perdido. - Pero, ¿es que tiene roto algún bolsillo? - Lo que he perdido no se mete en los bolsillos, porque ha sido la fe. - ¿Cuáles han sido las causas para perder la fe en Dios? Porque son muchas las cosas que mi mujer y yo hemos pedido, y ninguna de ellas se nos ha concedido Hemos rezado, hemos pedido y orado, y nada hemos obtenido. Y dijo el otro: ¿Tú crees que Dios está sordo, y que no ha escuchado? Yo se que Dios está en todas partes, y sí debe habernos oído.
Perdone si me adelanto a saber lo sucedido. ¿Piden por necesidad, o para aliviar al prójimo de alguna enfermedad? No, lo que pido es para mí, para mis comodidades, obtener lo que hoy no tengo, no tener enfermedades, tantas cosas le pedimos que son largas de contar. Pero yo al menos, creía que algunas de las mejores senos iban a otorgar, y eso es lo que ha causado de que yo pierda la fe.
¿Has oído alguna vez algo de que reencarnamos, que venimos y volvemos, y al retorno lo que hacemos, eso es lo que nos llevamos? Eso, hasta aquí, no lo entiendo. Pues busca y te enterarás, porque si lo supieras, nada se te habría perdido, y por supuesto, de Dios tú no tendrías que dudar, y te aconsejo que no olvides lo que te voy a decir:
La fe es un bello diamante,
que mientras se tiene, brilla,
pero cuando se nos pierde,
acto seguido se oxida,
y dónde estaba, no vuelve.
No esfuerces tus oraciones,
ni en plegarias, ni en sermón,
porque pedir una rosa,
sin que ésta tenga espinas,
es una equivocación.
Manuel Robles
Publica un comentario: