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En una edad de mi vida me sonrió la fortuna, y fui por entonces una persona muy distinguida.
Yo a los círculos subí: yo en los teatros entre y en todas parte brille, y en todas partes lucí.
Y este marqués me quería, y aquel conde me adoraba, y el mundo me saludaba, y el mundo me sonreía.
Paso un año, y ¡ay de mi! ¡Cuánto tenia se fue!.
Ya ni en los teatros entre. Ni a los círculos subí.
Tornase la suerte mía: Ya el mundo no me miraba, ni el marqués me saludaba, ni el conde me sonreía.
Todo el mundo me olvido: Las amistades se van....
¡Pedí un pedazo de pan, Y el mundo me lo negó!
Viéndome en tal indigencia, tuve una herencia bendita, y volví a vestir levita, disfrutando de mi herencia.
Y hoy el orgulloso conde, cuando el sombrero se quita, digole yo a mi levita:
-¡Que te saludan! Responde.
Amalia Domingo Soler Extraído del libro “Su más hermosos escritos” Mari
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