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Un espiritista de Rosario de Santa Fe, me escribió enviándome el suelto siguiente: "Un raro fenómeno". "The Daily ", periódico inglés de mucha circulación, no solamente en Inglaterra, sino en todo el mundo, cuenta el siguiente e interesante hecho:
“En febrero de 1905 fue condenado un criado, John Lee, era acusado de haber asesinado en Londres a una señora en cuya casa servía hacía muchos años. ”Pero John Lee, mientras duró la instrucción del proceso, protestó enérgicamente de su inocencia. “El día que debía ser ahorcado, se manifestó un fenómeno ordinario: la báscula del patíbulo, que debía bajar y dejar cuerpo en el vacío, no funcionó. Tres veces el verdugo renovó sus tentativas, pero en vano. La báscula funcionaba perfectamente cuando el condenado no se encontraba sobre el pulo; pero, cuando se colocaba a John Lee, no se movía.
“Los jueces y el procurador que estaban presentes en el día de la ejecución se quedaron perplejos ante este extraño fenómeno. ”Después de largas deliberaciones se renunció a la ejecución de John Lee. “Entonces el condenado no cesó de manifestar su inocencia; el procurador ordenó una segunda instrucción y revisión del proceso, y el mes pasado el Tribunal hizo poner a John en libertad. “Este hecho extraordinario ha impresionado mucho a los jueces y al público".
Verdaderamente que es un caso rarísimo, por lo cual muchos espiritistas de Santa Fe me piden que pregunte sobre la causa de tan extraordinario efecto. Y yo, deseando complacer a mis hermanos en creencias he preguntado al guía de mis trabajos, por lo que he obtenido la siguiente comunicación:
"No hay fenómenos; el suceso que os parece extraño y más asombroso, no es más que el resultado de nuestros hechos de ayer, la consecuencia natural de nuestras obras buenas o malas. Si así no fuera, las leyes eternas de la Naturaleza perderían su perfecto equilibrio y las leyes no se alteran jamás; todo sigue su marcha acompasada, todo se desarrolla y se desenvuelve a su debido tiempo. Los acontecimientos que hacen época en la vida del hombre no se adelantan un segundo ni se retrasan un minuto; el tiempo es el reloj de los siglos, su relojero es Dios mismo, y ese Gran Mecánico hace funcionar sus máquinas tan perfectamente, que, te lo repito, ni se retardan ni se adelantan los sucesos que deciden del porvenir del hombre. "Ese Espíritu que ha sufrido últimamente todas las angustias, todos los dolores de su próxima ejecución, y que la báscula del patíbulo se negó a funcionar, porque paralizaban su movi-miento Espíritus amigos del condenado; ese hombre que en realidad en esta existencia no ha cometido ningún crimen, y que la justicia humana ha cumplido con su deber declarándolo inocente, no siempre ha sido tan bueno como ahora; tiene una página en su historia tan llena de manchas, que se propuso en su actual existencia dejarla limpia del todo, y lo ha conseguido, porque las tres veces que probó el verdugo de cumplir su cometido ahorcándole, sufrió en aquellos momentos mil muertes por segundo.
Gracias que es un Espíritu enérgico y tiene muy buenos amigos en el Espacio, especialmente uno, al que él hizo sufrir algo parecido a lo que él ha sufrido ahora. "El Espíritu de John Lee, en una de sus anteriores existencias perteneció a la nobleza; heredó de sus padres muchos pergaminos y medianas riquezas que él se propuso aumentar, pensando que el oro abre todas las puertas, tanto en la Tierra como en el Cielo. "Entre sus muchos servidores, tenía uno que le servía de escudero, de secretario, de ayuda de cámara, siendo en realidad su perro fiel que le obedecía ciegamente en sus inicuos planes, porque John Lee era muy ducho para hacer testamentos falsos y otras clases de documentos con los cuales se apropiaba de bienes que no eran suyos, dejando en la mayor miseria a muchos de sus parientes y convecinos. “Su fiel servidor, su escudero Daniel, estaba enterado de cuanto hacía su señor, y John Lee llegó a tenerle miedo. Se apoderó el pánico de su ánimo y se dijo a sí mismo: este hombre puede perderme, la sed de oro que yo tengo se puede apoderar de su alma; es muy listo, comprende perfectamente que si él hablara pagarían muy bien sus delaciones mis muchos enemigos; hombre muerto no habla, manos a la obra.
Por lo pronto le acusaré de ladrón desmedido, diciendo que me ha robado una cantidad fabulosa; si el acusador es rico, pronto se consigue la condena; y dicho y hecho; John Lee acusó a Daniel haberle robado «tanto y cuanto». Daniel fue reducido a prisión y no sólo apareció ante la justicia como ladrón, sino que fue acusado de asesino, atribuyéndosele la muerte de un funcionario público que en época anterior habían encontrado debajo de un puente con la cabeza separada del tronco y un puñal clavado en el pecho. ¡John Lee derramó el dinero a manos llenas y el sumario quedo terminado en breves días. “Daniel siempre decía lo mismo: que era inocente y que no sabia de lo que le hablaban, pero sus declaraciones no eran atendidas, porque había un poderoso que le quería ver muerto. “La víspera de la ejecución, John Lee se sintió de pronto acometido de un dolor agudísimo en el corazón; se miró a sí a y murmuró con espanto: ¡Soy un miserable! Daniel es inocente, yo bien lo sé, no tengo de él la menor queja, me ha servido desinteresadamente; cuando he querido recompensar sus servicios él me ha dicho: Con estar a vuestro lado, tengo la mejor recompensa. Y sólo por un temor sin fundamento asesinó a ese infeliz. ¡Ah, yo me ahogo!, el remordimiento me hará morir..., fuego y no sangre corre por mis venas. .., pero aún es tiempo. Y dominado por la ansiedad más horrible corrió al lugar de la ejecución en el momento que Daniel le decía al verdugo: Te perdono el crimen que vas a cometer, porque soy inocente. ¡Sí! -gritó John Lee-, es inocente. Bajo secreto de confesión me han devuelto la cantidad que me habían robado y han dicho que el asesino del funcionario que se encontró debajo del puente, ha confesado su delito al saber que un inocente iba a morir por su causa.
"La estupefacción de los jueces fue indescriptible. Daniel fue vencido por tantas emociones y estuvo mucho tiempo enfermo, cuidado por su señor, que se lo llevó a su casa nuevamente, tratándole con el mayor cariño. "Daniel, mientras estuvo en la Tierra, ignoró el proceder de su dueño, y murió bendiciéndole, pero en el Espacio se enteró de todo y compadeció a su señor por haber caído tan hondo; pero lo quería tanto que fue su ángel bueno, y al encontrarse los dos en el Espacio aconsejó a John Lee que se apresurara a sufrir lo que le había hecho sufrir a él. Pero John Lee necesitó mucho tiempo para decidirse a pagar una deuda tan terrible, y, al fin, en esta existencia, ha sufrido valerosamente el mayor de los dolores. "Daniel y otros Espíritus impidieron que la báscula funcionara; no debía morir el que se había arrepentido de su crimen; la sinceridad de su arrepentimiento ha recibido la recompensa merecida, ya que de los arrepentidos es el reino de los cielos.
"Adiós".
Tiene razón el Espíritu: no hay fenómenos; no hay más que el cumplimiento de las leyes eternas. ¡Cuánto hay que estudiar en la Creación! ... Bien decía un sabio de Grecia: ¡Solo sé que no sé nada!
Amalia Domingo Soler
Extraído del libro "Hechos que prueban"
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