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En el Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, encontramos la siguiente pregunta hecha los Espíritus: ¿La vida social está en la Naturaleza? A lo que los Benefactores respondieron: Ciertamente. Dios hizo al hombre para vivir en sociedad. No le dio inútilmente la palabra y todas las otras facultades necesarias para la vida de relación.
No siendo el hombre portador de facultades completas, es lógico que, mediante el interrelacionamiento social ellas se completen para su bienestar y progreso. De esa forma, las oportunidades de convivencia nos son ofrecidas desde temprano. El hogar es nuestra primera experiencia de vida en sociedad y donde aprendemos las lecciones de interrelacionamiento. Después viene la escuela, y enseguida el trabajo profesional. Y es en el ambiente de trabajo que pasamos gran parte de nuestra existencia, conviviendo, generalmente, como personas que, en principio no son extrañas.
¿Todavía si es en ese ambiente que pasamos buena parte de la vida, porque no tornarlo lo más agradable posible?. Debido a la falta de cuidado y atención, muchos de nosotros hacemos del local del trabajo un verdadero campo de guerra. Substituyendo la cooperación por la competición, sufrimos y hacemos sufrir, en un ansia insana de lograr lugares de destaque. Olvidados de que no somos conocedores de todo y que podemos hacer de la cooperación una forma de fortalecimiento del equipo, deseamos hacer solos la carrera.
Cuando Jesús, el gran Sabio de la Humanidad, se refirió a la fortaleza del puñado de varas, era exactamente a la unión y a la cooperación a lo que El se reportaba. Solidarios, seremos unión, separados unos de los otros por la sed de competición, seremos meros puntos de vista. El reino animal nos da excelentes ejemplos de convivencia pacífica y cooperación entre seres de especies diferentes. Recientemente vimos un video que mostraba un camarón y un pez en una perfecta pareja. El pez podía ver pero no tenía casa. El camarón era ciego pero poseía una gran madriguera para protegerse. Aun mismo sin lenguaje articulado, ambos optaron un sistema perfecto de cooperación mutua. Mientras el camarón trabajaba, ampliando las galerías de la madriguera, el pez se quedaba vigilando la entrada. Si surgía un peligro, el pez inmediatamente entraba e impedía que el camarón fuese hasta el exterior. Y cuando el camarón salía para alimentarse de los musgos existentes en el exterior de la madriguera una antena se inclinaba en el dorso del pez y, al menor movimiento ambos se refugiaban inmediatamente.
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¿Y en cuanto a nosotros, que poseemos el habla y todas las otras facultades necesarias para la vida en relación, como las hemos utilizado? Sería importante que nos detuviésemos un poco para pensar o repensar en nuestro comportamiento, ya que estamos viviendo los días del siglo veintiuno. El Señor estableció la cooperación como base indispensable de éxito en cualquier trabajo. El arado es preciso, más inútil, si no posee la mano del labrador que lo dirige. El éxito es una bendición de fuerzas conjugadas en la naturaleza.
Redacción de Momento Espirita, del libro Diccionario del Alma, por Espíritus diversos, Psicografia de Francisco Cándido Xavier. Traducido el portugués al español por Merchita
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