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El día apenas había amanecido y el agricultor solitario ya estaba desherbando el cultivo. Aquel seria, como otros tantos, un día de arduos trabajos de sol a sol. El surcaba el suelo y al mismo tiempo pensaba en la vida. Como era de difícil su lucha diaria para sustentar a su familia. Algunas veces se sorprendió preguntando a la justicia divina, que lo eligiera para el duro trabajo mientras privilegiaba a otros con tareas leves y agradables.
El sol ya estaba alto como él, cansado, retiró el sombrero y limpió el sudor que le caía por el rostro. Apoyó el brazo sobre el palo de la azada y se detuvo a mirar a su alrededor por algunos instantes. A lo lejos se podía ver la autopista que cruzaba las plantaciones y el divisó un autobús que transitaba por las cercanías. Inmediatamente pensó consigo mismo: buena vida debe ser la de aquel conductor de autobús. Trabaja sentado, y sin mucho esfuerzo conduce a mucha gente a varios destinos.
No le cae la lluvia ni el sol y aun de paso debe oír música para distraerse”. De hecho el conductor trabaja sentado y no está sujeto a la intemperie. Incluso, al ser adelantado por un automóvil de paseo, comenzó a pensar para consigo: “¡Buena vida igualmente debe ser la de ese ejecutivo, conduciendo un coche de lujo!”. “No tiene patrón para marcarle horarios ni tiene que pasar el día en el camino como yo, lejos de casa y de la familia.”
No en tanto, enseguida frente al ejecutivo pensaba como era de difícil su trabajo. Las preocupaciones con los negocios, los largos viajes, las interminables reuniones, el salario de los empleados a final de mes, los impuestos, aplicaciones, investimentos y otras tantas cosas para resolver. Sumergido en sus pensamientos, miró para el cielo y divisó un avión que cruzaba los aires, y dijo como quien estaba en lo cierto: “buena vida es la del piloto del avión. Conoce el mundo entero gratis, no precisa enfrentar ese tránsito infernal y el salario es compensador”. Dentro de la cabina del avión estaba un hombre pensando en sus propios problemas: “como es de dura la vida que yo llevo. Largas semana lejos de la esposa, de los hijos, de los amigos. Vivo más tiempo en el aire que en el suelo y, para más gravedad, estoy siempre preocupado con las centenas de personas que viajan bajo mi responsabilidad”.
En ese instante, un punto oscuro en el suelo le llamo la atención. Observó atentamente y percibió que era un hombre trabajando en el campo. Exclamó para sí mismo con cierta melancolía: “Ah como me gustaría estar en el lugar de aquel hombre, trabajando tranquilamente en medio de la vegetación y oyendo el canto de los pájaros, sin mayores preocupaciones! Y al final del día volver a casa, abrazar a su esposa e hijos, comer y reposar serenamente al lado de aquellos que tanto ama. ¡Eso sí que es buena vida!
¡Piense en eso!
Dios, que es la Inteligencia Suprema del Universo, sabe cual es el mejor lugar para cada uno de sus hijos. Dios sabe lo que necesitamos para evolucionar y que lecciones debemos aprender. Por esa razón todos estamos en el lugar correcto, con las personas ciertas, y en la profesión adecuada para nuestro adelantamiento. Recordemos que, si tenemos problemas, tenemos también soluciones y muchos motivos de alegría. Por eso, hagamos lo mejor que esté a nuestro alcance, pues vivir es, y siempre será, un gran desafío a la inteligencia humana y a la capacidad del hombre para florecer en el lugar exacto en que fue plantado.
¡Piense en eso!
Redacción de Momento Espírita Traducido por Merchita
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