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¿Usted sabe, o al menos oído hablar de estas urbanizaciones, donde muchas familias viven en un estilo condominio? En el intento de huir de la violencia, hace algún tiempo las personas han buscado una forma de vida más segura, aislándose en los condominios. Sin embargo, hay un tipo de amenaza que no puede contener las redes y las paredes: la amenaza de las drogas.
Los padres suelen pasar por alto este problema, porque piensan que sus hijos están seguros, que viven rodeados por altos muros y guardias de la puerta. Pero, lamentablemente, la realidad es diferente. Hay padres que dejan a sus hijos pequeños todo el día solos, temiendo que sobrevivir por si mismos, sin amparo y sin nadie. Algunos de esos pequeños buscan la ayuda de los vecinos, para calentar la comida que está preparada desde el día anterior, o para quejarse de los dolores que sienten. Cuando los vecinos no están demasiado abrumados, atienden a esos hijos de nadie, por pensar que bien podrían ser sus hijos mendigar una migaja de atención de los extraños.
Otros, en cambio, exentos de ellos, no quieren preocupaciones con hijos ajenos. Más en medio de todas esas situaciones, descubrimos un joven que se preocupa con esa situación. Ciertamente un joven con mucho valor. El cuenta que, cuando niño, vivió por algunos años en un conjunto residencial de clase media e hizo allá muchos amigos. Un día su familia se cambio para otro lugar y solo después de mucho tiempo el volvió a su antigua morada para descubrir, con mucha tristeza, que varios de sus amigos de la infancia eran drogadictos. El se indigno con la situación más no pudo hacer nada por sus amigos. Sin embargo, con el fuerte deseo de evitar que las criaturas que viven hoy en aquel condominio adentrarse también por el mismo camino, el resolvió hacer algo.
Dentro de su corazón juvenil, entendió que si los chavales pudiesen ocupar el tiempo practicando deportes, tal vez no cayesen en las redes mortíferas de las drogas. Pensando así, creo una escuela de futbol e invito a los niños para aprender a jugar. Más aquel joven especial no enseña solamente las reglas del futbol a sus pequeños alumnos, enseña, principalmente, las reglas de la buena conducta, del respeto mutuo, de la verdadera amistad. Los incentiva a estudiar, les pide el boletín de la escuela y se alegra cuando sus aprendices sacan buenas notas. Los visita en sus apartamentos, promueve campeonatos con times de otros condominios, involucra a los niños con mucho amor y fraternidad. Y no piensen que el solo hizo eso en la vida, no, pues el también estudia y trabaja, como cualquier otro joven de su edad.
El tiempo que el dedica en la promoción de aquellos niños, es el tiempo que el podría estar utilizando en alguno de ocio o de otro intereses propio. Ese mozo es apenas un joven común, confundido con otros tantos jóvenes. Más el tiene una característica muy especial: se preocupa con el futuro de los niños. Tal vez más que los propios padres de ellos. El entiende que, dándoles una ocupación útil, tal vez pueda evitar que sean adoptados por un traficante de drogas. Es apenas un joven como otro cualquiera… Ciertamente un joven de mucho valor…
¡Piense en eso!
Si usted es uno de esos padres que vive en condominio, piense con mucho cariño al respecto del asunto de las drogas. Hay padres tan ajenos que sus hijos hacen, que ni se dan cuenta de que ellos están en la esquina de al lado, haciendo uso de drogas en el grupo de amigos. Si usted realmente ama a su hijo, vale la pena considerar este problema que ha aumentado más y más entre los jóvenes de clase media. Vale la pena cuidar bien de su hijo, pues no hay dinero que valga la vida de ese pequeño tesoro que Dios le confía.
¡Piense en eso, más piénselo ahora!
Redacción de Momento Espirita. Traducido por Marchita
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