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Ante las dolencias PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Administrador   
Lunes, 08 de Febrero de 2010 16:12

En mediados de 1970 cuando estaba presto a completar su doctorado en física, el científico Stephen Hawking, ya portador de una dolencia que le iba paralizando sus movimientos, escuchó a un médico decir que le quedaba apenas dos años de vida. “Entonces puedo intentar comprender el Universo, porque no voy a precisar pensar más en cosas como la jubilación y cuentas que pagar”, resuelto.

Como la enfermedad progresaba rápidamente, fue obligado a crear formulas simples para explicar en el menor espacio de tiempo posible todo aquello que pensaba. Se pasaron dos años y medio. Más de veinte años se pasaron y Hawking continúa vivo. Es capaz de comunicar sus ideas abstractas a través de un pequeño computador acoplado a su silla de ruedas, y que posee apenas quinientas palabras diferentes.

Escribió el clásico libro “Una breve historia del tiempo”, entre otros, y fue responsable de una nueva visión de la física moderna. La dolencia, en vez de conducirlo a la invalidez total, lo forzó a descubrir una nueva manera de raciocinio. Y es exactamente así como la enfermedad procede en nuestras vidas. Ella nos invita a cambiar, a rever nuestros pasos, nuestras decisiones, nuestros valores. En vez de ver la enfermedad como algo que viene a destruirnos, precisamos entenderla como una lección, como una prueba que nos está siendo impuesta, con el único objetivo de hacernos crecer.

Las grandes enfermedades son invitaciones de la vida para que cambiemos algo en nuestro camino: sea el rumbo, sean los objetivos, sea la manera de pensar. Es claro que muchas de ellas no tienen causa en el hoy, en esta existencia, más, de la misma forma, ellas toman nuestros días con el fin de educarnos, de burilarnos. El dolor nos enseña mucho. El sufrimiento es como el calor intenso del fuego esculpiendo el vidrio, y concediéndole las formas más bellas que podamos imaginar.

Ante las dolencias es preciso reevaluar nuestros días. Ante la enfermedad es necesario reflexionar y preguntar: ¿Qué es lo que ella está buscando enseñarnos? ¿Paciencia? ¿Persistencia? ¿Humildad? Son sabios aquellos que consiguen salir de los momentos de turbulencia, no blasfemando contra todo y todos, más si procurando ser más maduros, más equilibrados.

No veamos en la enfermedad enemigos mortales, o grandes males que recaen de los cielos sobre nuestros hombros; veamos si oportunidades que Dios nos da para evolucionar, para descubrirnos, para pasar más tiempo en compañía de nuestro propio corazón, descubriendo en el valores que desconocíamos, y aliados preciosos para los próximos pasos que iremos a dar.

El tronco sufre los golpes del machado para que, derribado, se torne nueva utilidad. La montaña de granito padece la dinamización, a fin de que se abran veredas para el progreso. El árbol enfrenta la poda, de modo a superabundar de flores y frutos, en la ocasión oportuna. Los granos pasan por la trituración y participan, con eso, de la alegría de la mesa abundante. El bloque de piedra soporta la acción del buril y del cincel, para que libere la obra de arte que el artista proyecta. El violín resiste la distensión de sus cuerdas, de forma a permitir que el sonido armonioso embalsame el ambiente con su musicalidad.

Equipo de Redacción de Momento Espirita
Traducido por Merchita