Consecuencias Espirituales

Espiritualmente, los vicios acarrean vínculos espirituales, cuyas consecuencias se proyectan en la vida espiritual futura, después que el alma se desprende del cuerpo físico, con la agravante de poder ser responsable de enfermedades kármicas en reencarnaciones venideras.

Es oportuno recordar, todavía, que los viciados son, en su mayoría, personas dotadas de mediumnidad, comportándose como víctimas de la actuación de entidades espirituales que sintonizan con sus pensamientos, y se complacen en hacer con que se mantengan en el vicio, y dificultan su recuperación, indicando la necesidad de un tratamiento espiritual que debe ser hecho paralelamente al tratamiento médico. Aparte de la oración y de la fe, que son fundamentales para ese tratamiento, otros recursos son utilizados, como el pase magnético, el agua fluidificada y la desobsesión siempre que sea necesaria.

Los vicios evidencian la degradación de los seres humanos comprometidos, desgraciando familias, agrediendo a la sociedad y a la dignidad humana.

Como están vinculados al alma, constituyen un atraso espiritual de las criaturas que se mantienen presas a una situación que mancha su propia condición humana. La Psicología Transpersonal revela que la consciencia es el substrato secreto del alma que juzga los actos de cada uno. Aunque presente en todas las personas, se mantiene apagada entre los viciados, que se encuentran bajo el dominio de las acciones instintivas que se agigantan, conduciendo innumerables seres a la degradación de su personalidad, destruyendo hogares y traumatizando a la sociedad.

Consideraciones Finales

La excelencia de la vida consiste en vivir la realidad del alma, el bien mayor que sobrevive a las limitaciones del cuerpo. La Medicina, en su sublime misión de aminorar los sufrimientos humanos, más tarde o temprano deberá reconocer la realidad del alma y su importancia en la vida humana, su participación como responsable de innumerables enfermedades y los recursos que puede ofrecer para ayudar a las personas durante su trayectoria terrena.

La actuación del instinto, que expresa la influencia del cuerpo físico, presenta un estrecho antagonismo con la voluntad, que es un atributo del alma, la cual dispone, con su libre albedrío, de la capacidad de escoger las acciones realizadas por el ser humano. Para haber predominio de las acciones instintivas, es necesario que haya consentimiento del alma, por desliz de comportamiento o por su poca evolución. Porque es el alma quien va a responder, en el mundo espiritual, por lo que el ser humano haya hecho durante la vida terrenal.

En idéntica situación, debe considerarse la posibilidad de estar la persona bajo la influencia de entidades espirituales que buscan inducirla a la practica del vicio, pero que solamente lo consiguen si existe una sintonía de vibraciones mentales, solidarias al mismo, o si trae débitos con otras personas, cuyas faltas fueron cometidas en existencias pasadas, y cuyos acreedores reclaman justicia, lo que caracteriza una obsesión.

El ser humano es independiente, actuando a través de la voluntad y de libre albedrío, para practicar el bien o el mal, como enseña Allan Kardec, en el libro El Cielo y El Infierno, cuando habla sobre el código penal de las penas futuras en su ítem 20: “El Espíritu debe mejorarse por el hecho de su propia voluntad, y no a consecuencia de una fuerza cualquiera. Obra bien o mal en virtud de su libre albedrío, pero sin ser fatalmente inducido en un sentido o en otro”.

Lo que vale a decir que para preservarse de los vicios, la persona debe fortalecer los recursos del alma, con pensamientos positivos y disposición para dar a su existencia una connotación concordante con su aspiración más noble. En las personas dominadas por el vicio, las fuerzas instintivas mantienen cierta supremacía sobre las fuerzas volitivas del alma, que, por falta de voluntad o por invigilancia, presenta deslices, volviéndose incapaz de actuar positivamente, a través del pensamiento, de la disposición y del libre albedrío.

Vale la pena indagar: ¿cómo puede el ser humano proceder para liberarse de la carga instintiva que lo mantiene prisionero frente a su propia consciencia?, ¿cómo puede volver a ser el señor de su propia vida, a través de la vivencia de su verdadero yo, de su alma inmortal?. La adhesión de los jóvenes y adultos a los vicios, puede estar relacionada a la ilusión de procurar nuevas emociones o a la falta de responsabilidad frente a las situaciones de la vida, que se manifiestan por la insatisfacción, ansiedad, angustia o soledad.

El ser humano es movido por dos tendencias: la del alma, a través de las fuerzas volitivas que lo llevan continuamente hacia el frente, para realizaciones elevadas, en busca del altruismo, de la ética y de la perfección; y de las tendencias instintivas que lo atan a su lado egoísta, a los placeres transitorios del cuerpo físico y a la satisfacción de las emociones que le corresponden. El instinto, con todo, no debe ser considerado un factor negativo, perjudicial por sí mismo, al ser humano.

Sócrates (470-339 a.C.), sintió ese problema y decía que el conocerse así mismo es condición que lleva al conocimiento de la propia alma, que una vez identificada se vuelve independiente para dirigir todos los actos de la vida. Ese dualismo es muchas veces experimentado por las personas, así como en las acciones más simples de la vida diaria.

Sigmund Freud (1856-1939), trabajando con valores relacionados al sexo, consideraba el instinto como fuente motivadora de la conducta humana, siendo igualmente del parecer que las acciones instintivas del ser humano son diferentes del instinto de los animales. Antropológicamente, constituye reminiscencia del hombre primitivo, que en la fase preanímica era tan solo instinto y, cuando en el se incorporó el alma inmortal, se estableció un evidente dualismo entre el instinto y el alma.

Con la evolución del alma, a través de las reencarnaciones, experimentando los sufrimientos como ser humano, como la agresividad, los vicios, los disturbios espirituales y de la sexualidad que atormentan milenariamente a la humanidad, ese dualismo deberá ser progresivamente superado, para alcanzar el completo dominio del alma sobre los valores negativos del instinto y del apego a los bienes transitorios de la vida.

El apóstol San Pablo distinguió bien ese dualismo del ser humano. En el capítulo 7 de la Epístola a los Romanos, identifica el pecado con lo que reconocemos como instinto, afirmando:

“Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mi” (Rom. 19-20). Y continúa diciendo: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.

Instinto y alma son dos fuerzas en potencia, presentes las dos en el ser humano. Cuando el instinto domina el alma se apaga y cuando el alma alcanza la plena autonomía, la persona se eleva a la plenitud del ser. La vivencia de los instintos hace con que el alma se vuelva sumisa, incapaz de dejar traslucir su excelsa luminosidad. Liberar el alma consiste en reconocerla y darle primacía en la realización de todos los actos de la vida personal, y en las relaciones humanas.

El cristianismo enseña que, la mejor forma de liberar el alma del yugo del instinto, consiste en practicar efectivamente la caridad, sin limitaciones. Lo que conviene obtener es que el instinto tenga tan solo sus funciones especificas, que no son menos importantes, como las de proveer las necesidades innatas del organismo, y que el alma, a través de sus atributos, del pensamiento, de la inteligencia, de la voluntad, del querer, del entusiasmo, del coraje, de la fe, de la iniciativa, del optimismo, de la creatividad y de la determinación, tenga independencia para dirigir todas las actividades del ser humano, tanto en la presente existencia como en las posibles existencias futuras.

Extraído del libro
ENFERMEDADES DEL ALMA

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