La union hace la fuerza

Algo de historia

Alguien dijo “La unión hace la fuerza” y podríamos agregar “disponiendo de la fuerza que nos da la unión aseguramos el triunfo”. Pero para frases bonitas y de más o menos efecto podríamos no quedarnos cortos; en cambio cuando se trata de hacer algo práctico, todos nos encontramos absorbidos por nuestras ocupaciones diarias y dejamos que la ley del Karma se realice como pueda.

Mal que nos duela decirlo, la orientación de nuestras ideas deja mucho que desear. La prensa diaria, esa prensa que no es Espiritista pero que refleja la vida diaria de los pueblos, es la que se encarga de poner de relieve los desaciertos de muchas de esa agrupaciones o personas que dicen llamarse espiritistas y en cambio, y cuan pocos motivos tienen de ocuparse de la obra cultural, científica y educativa que realizan las sociedades que se consideran sanamente inspiradas.

Existen muchas sociedades que desenvuelven su acción en forma aislada e independiente. Se consideran cada una superior o mejor inspiradas que las otras. Es tan amplia la autonomía que disfrutan y tan desvinculadas entre si, que podría considerarse, a cada una como “torres de marfil”.

Eso de “la unión hace la fuerza”, está bien por ejemplo: para los católicos. Ellos que son reaccionarios, enemigos de las ciencia y de la razón, se organizan, se unen, poseen la asociación más poderosa de la tierra, la más adecuada, aunque se llamen vicarios del pobre Cristo de la Judea, realizan congresos más o menos eucarísticos que sin rozar la inmutabilidad de su dogma consiguen sino conmover los corazones, al menos las faltriqueras de algún feligrés egoísta, asaz empedernido.

Que se asocien los Judíos, Mahometanos, los socialistas, los comunistas, los hombres de ciencia –de todos los países, que haya ligas de naciones, y que exista al panamericanismo, son cosas que tienen una relativa importancia. Las sociedades espiritistas pagadas de su autonomía y de su independencia continúan encerradas en su “torre de marfil”, aunque sostengan con el mayor énfasis que sus postulados educarán el sentimiento del ser humano y transformará el mundo en un edén delicioso. Y aunque esto parezca una incongruencia, no deja de ser una pobre realidad.

Si todos reconocemos que el Espiritismo esta mal orientado, que el fenomenismo que se realiza en las sociedades espiritistas en general es deficiente, que el aspecto cultural deja mucho que desear y que como consecuencia de todo esto hasta podría justificarse que la prensa, las autoridades públicas y los hombres de ciencia tengan una impresión desfavorable del Espiritismo, repitamos si estamos de acuerdo en este aspecto, ¿por qué no se puede construir un puente en entre esa “torres de marfil” y cooperar con la acción innovadora que se propone la Confederación Espiritista Argentina, aportando todas su grano de arena, ya que todos han de salir beneficiados por partes iguales, porque todo lo que signifique dignificar el ideal hará más efectiva la obra, les prestigios serán mayores y estaremos más en consonancia con otros postulados.

No interesa el esquema de las “torres de marfil” de esta metrópolis, ni del resto de la Argentina ni de Europa y hasta podría disculparse de esa razón de haber sido así, pero, todas tendrán que aceptar que esa conducta, a tenido como consecuencia, el actual desprestigio y desconceptos de los espiritas y del Espiritismo en general.

Es hora que desaparezca ese egoísmo; que se rompa esos estrechos círculos de hierro, que amenaza aprisionar los ideales más grandes del mundo y que, como una visión clara del porvenir de la humanidad, se adhieren a la obra que viene realizando la CEA, que aunque no muy perfecta, esta en condiciones de encausarse y ocupar el lugar que le corresponde ante la ciencia y ante la evolución social y moral de los pueblos.

“La unión hace la fuerza” y disponiendo de la fuerza que nos da la unión aseguramos el triunfo.

Artículo de, Hugo Lino Nale.
Extraído de la revista “La Idea”
N° 611, al cumplirse el Centenario de la Confederación Espiritista Argentina.

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