Apelacion fraternal

Mi amigo,

no guardes en vano la fe que el Cielo te concedió.

Eres el discípulo del Maestro, en el círculo de las lecciones, embajador de su evangelio en los caminos de la vida.

Que no te espante, pues, el cuadro doloroso del mundo, a donde fuiste llamado a servirlo.

Ora y vigila, espera y ama siempre, para que seas, en nombre de Él, luz que disipe las tinieblas, amor que anule el odio, paz que aniquile la guerra, fe que extermine la incredulidad, sabiduría que esclarezca, esperanza que reanime, comprensión que auxilie, fraternidad que bendiga, inspiración que conduzca al bien, estímulo a la santificación…

Delante de los sagrados deberes que nos competen, volvámonos al santuario de la conciencia oyendo las advertencias del Señor, en las oportunidades de cada día. E iluminemos el camino, aunque la sombra persista, amemos sin retribución, como Jesús nos amó, apacigüemos las tempestades del dolor, confiemos siempre aunque parezca inútil, esclarezcamos sin exigencias, esperemos el futuro con alegría, aunque todos se desesperen, comprendamos sin reclamar comprensión para nosotros, hermanémonos los unos a los otros con sinceridad, inspiremos a los que nos observan, ofreciéndoles el mensaje del bien, estimulemos la alegría de vivir aunque todos se entreguen al desaliento…

¡Acuérdate que es la sal de la Tierra!

Recuérdate que eres la carta de Cristo en el sobre de la carne, en cuyos caracteres la Humanidad debe aprender el camino del entendimiento con la vida eterna para el Mundo Mejor del mañana.

AUGUSTO SILVA

Del Libro: “Cartas del Corazón” Edición LAKE
Médium: Francisco Cândido Xavier

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