Existen fenómenos mediúmnicos en la génesis de todas las religiones, pero desaparecen como fuegos fatuos, en el rayo circunscrito de la hora en que se expresan. Sin embargo, los libros que nacen de ellos permanecen por tiempo indeterminado en los horizontes del espíritu.
Hay quien sonría irónicamente frente a la narrativa hindú en la cual Arjuna, espantado, observa las sublimes manifestaciones de Krishna; sin embargo, en los poemas del Bhagavad-Gita palpitan cánticos imperecederos de las más altas virtudes.
Hay quien dude de la Historia, cuando afirma que Zoroastro recogió enseñanzas de Ormuz (Espíritu), en las eminencias del Albordjeh; sin embargo, las páginas del Zend Avesta graban con maestría la lucha del bien contra el mal.
Hay quien discuta la imposibilidad de haber revelado Moisés tantos poderes, al frente de los egipcios asombrados, pero el código de mandamientos que recibió de Jehová en la cima del monte es base segura para los preceptos esenciales de la justicia.
Hay quien vea locura en la decisión de Sidarta de abandonar el palacio paterno bajo la inspiración de la Esfera Superior, a fin de consagrarse a los infelices; sin embargo, las lecciones guardadas por sus discípulos forman el venerable camino budista del pensamiento recto.
Hay quien dude de los hechos admirables que rodearon en la Tierra la presencia de Cristo, narrando acontecimientos medianímicos cuya legitimidad desafía todas las exigencias de la metapsíquica y de la parapsicología contemporáneas; sin embargo, el Evangelio sigue siendo el Libro Divino de la Humanidad.
Y, todavía hoy, hay quien haga sarcasmo sobre los médiums de la actualidad, mas los libros básicos de Allan Kardec prosiguen como sólidos fundamentos de la Doctrina Espírita, que actualiza ahora las revelaciones del Maestro de los maestros.
Como es fácil observar, los fenómenos mediúmnicos representan la ostra de las interrogaciones y de los experimentos humanos. El libro edificante, sin embargo, es la perla que pasa a suministrar el tesoro creciente de la sabiduría que nunca muere.
Eduquemos así la mediumnidad entre nosotros, para que pueda sorprender y fijar la emoción y la idea, la palabra y el trabajo de los mensajeros que supervisan y conducen el perfeccionamiento terrestre porque, en verdad, en ese o en aquel grupo de documentos, el libro es el comando mágico de las multitudes y sólo el libro noble que esclarece la inteligencia e ilumina la razón, será capaz de vencer las tinieblas del mundo.
Dictado por el espíritu EMMANUEL
Médium Francisco Cândido Xavier
Añade un comentario