Palabrotas, habito infeliz

“Las palabras pueden herir más que los puñales; y el tono, más que las palabras.”
¿A usted le gusta oír palabrotas?
Es bien posible que existan personas que aprecien oír palabras chulas. De baja calaña. Todavía, aquellos que las profieren no toman en cuenta la gran mayoría de las que abominan ese habito infeliz.
El buen sentido establece que aquel a quien le gusta decir palabrotas debería prestar atención a su alrededor para no violar la intimidad de los oyentes, más es más lógico admitir que quien dice palabrotas en público está desprovisto del buen sentido.
Los que discordan de ese punto de vista probablemente dirán que son simples palabras, que no hay nada malo en eso.
No en tanto, las palabras son vehículos que transmiten mensajes. Y, por cierto, las palabrotas son el mensaje de la irreverencia. Es la comunicación de lo feo, de la agresividad, más allá de un gran irrespeto al comportamiento educado.
Infelizmente, en los días actuales, el palabrón hace parte de gran parte de los medios de comunicación. Está en los programas de televisión de bajo nivel, en los programas radiofónicos, en los periódicos, revistas, músicas…
Confundiéndose lo que es común lo que es normal, el palabrón es tomado a cuenta dentro de la normalidad. Mientras tanto, el uso generalizado jamás ara que este habito pernicioso sea normal. Podemos decir que es común, porque muchos lo usan, más no podemos admitir que sea normal.
Las personas educadas y de buen sentido no se permiten ese tipo de expresión. Programas serios y bien elaborados no necesitan de ese expediente. Canciones bien inspiradas y de cuño elevado, dispensan las palabras obscenas, que más allá, dan muestra de poca creatividad. El uso de palabrotas generalmente es defendiendo bajo la designación de “libertad”…. ¿más libertad de quien?
Si el feo lenguaje pasa a formar parte integrante en nuestra sociedad hasta el punto de no ser posible escapar de ella, entonces preguntaremos: ¿Quien es libre y quien no lo es?
Si aquel que le gusta hablar obscenidades es libre para decirlas, aquel que no le gusta oírla debe, tener la libertad de no tener sus oídos convertidos en basurero. Lo que más se lamenta, en ese caso, es el hecho de los propios educadores, en la condición de padre u profesores, hacer uso de palabrotas con naturalidad, como si fuese una practica normal.
Conforme nos enseñó Jesús, el Espíritu más sabio que la humanidad conoció, que “la boca habla de lo que está lleno el corazón. Siendo así, antes de proferir una palabra, prestemos atención en el mensaje que estará vinculando, pues ella dará noticias de nuestra intimidad…….
Las palabras son apenas un vehiculo de ideas. Por tanto, solo el hecho de permitirnos pensamientos indignos ya será un mal para nosotros mismos.
No fue otro el motivo por el cual Jesús advirtió sobre el adulterio por pensamientos. Y no fue por agradar que un sabio aseguró que nosotros somos lo que pensamos, hablando o no.

Equipe de Redação do Momento Espírita

Publica un comentario:

Tu nombre:   Obligatorio
Email:    Obligatorio
Página Web: 
Comentario: