Hijos de mi fe, cristianos de mi doctrina, olvidada por el interés de los torrentes y de la filosofía materialistas, seguidme por los caminos de Judea, seguid a la pasión de mi vida, contemplad a mis enemigos ahora, ved mis sufrimientos, mis tormentos y mi sangre derramada por mi fe.
Hijos, espiritualistas de mi nueva doctrina, estén preparados para soportar, para desafiar los torrentes de la adversidad, los sarcasmos de vuestros enemigos.
La fe marchará sin cesar, según vuestra estrella, del mismo modo que la estrella condujo por la fe a los magos del Oriente al presepio. Cualesquiera que sean vuestras adversidades, cualquiera que sean vuestras penas, y las lágrimas que habréis derramado sobre esta esfera de exilio, tomad coraje, persuadios de que la alegría que os inundará en el mundo de los Espíritus estará muy encima de los tormentos de vuestra existencia pasajera.
El valle de lágrimas es un valle que debe desaparecer para dar lugar a la brillante morada de alegría, de fraternidad y de la unión, donde, por vuestra obediencia a la santa revelación, llegaréis.
La vida, mis queridos hermanos de esta esfera terrestre, toda preparatoria, no puede durar sino el tiempo necesario para vivir bien preparado para esa vida, que no podrá jamás acabar.
Amaos, amaos como yo os amé, y como os amo todavía; hermanos, coraje, hermanos! Yo os bendigo; en el cielo os espero.
Jesús
Del Libro: “El Libro de los Médiums”
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