La existencia previa del alma

LA EXISTENCIA PREVIA DEL ALMA

Sin la existencia previa del alma, la doctrina del pecado original no sería solamente inconciliable con la justicia de Dios, que tornaría a todos los hombres responsables por la falta de uno solo, sería también un disparate, y tan menos justificable como, según esa doctrina, el alma no existía en la época a que se pretende hacer que su responsabilidad se remonte.

Con la existencia previa, el hombre trae, al renacer, el embrión de sus imperfecciones, de los defectos de que no se corrigió y que se traducen por los instintos naturales y por las inclinaciones para tal o cual vicio.

Es ese su verdadero pecado original, cuyas consecuencias naturalmente sufre, pero con la diferencia capital de que sufre la pena de sus propias faltas, y no de las de otro; y con otra diferencia, al mismo tiempo consoladora, animadora y soberanamente equitativa, de que cada existencia le ofrece los medios de redimirse por la reparación y de progresar, quiera despojándose de alguna imperfección, quiera adquiriendo nuevos conocimientos y, así, hasta que, suficientemente purificado, no necesite más de la vida corporal y pueda vivir exclusivamente la vida espiritual, eterna y bienaventurada.

Por la misma razón, aquél que progresó moralmente trae, al renacer, cualidades naturales, como el que progresó intelectualmente trae ideas innatas; identificado con el bien, lo practica sin esfuerzo, sin cálculo y, por decirlo así, sin pensar. Aquel que es obligado a combatir sus malas tendencias vive todavía en lucha; el primero ya venció, el segundo procura vencer. Existe, pues, la virtud original, como existe el saber original, y el pecado o, antes, el vicio original.

Del Libro: “Génesis” - Capítulo I - Ítem 38

Allan Kardec

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