Archivo de Junio 13, 2008

Francisco Cândido Xavier

xavierFrancisco Cândido Xavier nació en Pedro Leopoldo, Estado de Minas Gerais (Brasil), el 2 de abril de 1910-2002. Miembro de familia numerosa, huérfano de madre a los cinco años, conoció toda la amargura de ser niño pobre, abruptamente arrojado de las suaves faldas maternas para caer en manos nerviosas de la madrina que le aplicaba castigos corporales a diario. Tras dos años de sufrimiento, durante los cuales añoraba el reencuentro con la madre, volvió al hogar paterno, gracias a los esfuerzos de Cidália, la joven bondadosa con quien se unió el padre.

Las dificultades de subsistencia material fueron constantes durante toda su infancia y adolescencia. Muy temprano, a los ocho años y medio, el niño Chico[1]empezó a trabajar para aportar al sustento de los hermanos, que eran quince en total. A la par de esa lucha por conseguir el pan de cada día, extraños fenómenos sucedían en su existencia, que le causaban conflictos psicológicos intensos. A los cuatro años y medio ya registraba la presencia de espíritus que le decían cosas incomprensibles para su mentalidad infantil. Veía a la madre desencarnada en el patio de la casa de la madrina, que le recomendaba tener paciencia para afrontar el sufrimiento. En la escuela pública, en donde efectuó los estudios primarios, escuchaba a los espíritus que le dictaban versos y composiciones sobre los temas más variados. Sus conflictos aumentaron en la adolescencia, cuando la fe católica en que se educó, reprimía todo ese contenido fenomenológico que sin embargo crecía con el tiempo, sin que tuviera alguna explicación plausible. Continúa leyendo »

Coraje en el camino

ChicoSi llegaste a los días nublados de llanto, a la vista de ocurrencias infelices, enciende la luz de la esperanza y camina adelante, olvidando en la retaguardia lo que te pueda parecer aflicción y desengaño. Otro día, con nuevas emociones, te espera mañana, renovándote la vida.

Circunstancias inesperadas te dislocaron de la seguridad en que vivías, arrojándote en las dificultades del comienzo de la existencia… Olvídate de los que te surgieron como instrumentos de inquietud y acuérdate de que las oportunidades de trabajo continúan brillando para los que no se dejan vencer por el desánimo. Continúa leyendo »

Ante los otros

¡Señor! …

Enséñanos a comprender la importancia de los otros.

En verdad, recogemos de algunos las dificultades y los problemas, entretanto, de otros innúmeros obtenemos las alegrías y las bendiciones que nos ennoblecen la vida.

Entre algunos otros, sorprendemos a los adversarios gratuitos que, varias veces, buscan impedirnos el paso; haznos entender, no obstante, que entre muchos otros, encontramos a los amigos y a los bienhechores, a los compañeros de ideal y trabajo, a los que colaboran con nosotros, en nuestras realizaciones, y a los que nos alivian en las adversidades del camino. De algunos, tenemos la censura, pero de otros, proceden los estímulos al desempeño de las tareas que nos confiaste. Continúa leyendo »

Dos encarnaciones y un solo deseo

Jaén, 15 de julio de 1978

-Guardeos Dios, hermanos.

Si vosotros me lo permitís, os voy a relatar una pequeña historia para que os enseñe lo que es la vida, lo que es la fe, lo que es el sentimientos y la libertad que da el Padre bendito a todos Sus hijos para que cumplan el destino y la compensación eterna cuando hemos hecho algún bien. Ojalá yo pudiera relataros fielmente esa historia.

-Con mucho gusto e interés te oiremos, querido hermano. Continúa leyendo »

Khali;Un hermano de color

Cuando llegué a España fui como uno de tantos que llega a esta tierra, o de otros países; eso es lo de menos, pero cuando llegamos a una tierra que no es la nuestra nos sentimos tan solos, tan perdidos, todo es nuevo para nosotros, son distintas culturas, distintas costumbre; en una palabra, todo para nosotros es nuevo y tan distinto.

Cuando salimos a la calle, vemos cómo nos miran; comprendemos que nos miren así, porque nosotros sentimos lo mismo, desconfiando uno del otro; pero nosotros, dentro de nuestro corazón, sentimos una especie de temor porque nos sentimos fuera de nuestro país. A veces este miedo se incrementa cuando vemos a personas que en sus miradas hay odio; entonces es cuando somos más vulnerables, pero esto con el tiempo hasta nos acostumbramos; después, casi sin darnos cuenta, vamos siendo uno más, nos sentimos más seguros, ya andamos por la calle con más seguridad, pero el día que más tranquilos nos sentimos y cuando más nos encontramos integrados, surge alguno que nos recuerda que nuestro color es diferente al suyo, nos insulta y nos amenaza. Continúa leyendo »