Tiempo es ya de que los sacerdotes, dejen sus antiguos breviarios por los nuevos breviarios científicos. En la ciencia está la fe, en la ciencia está la vida del Espíritu, en la ciencia está el progreso, y en el progreso está Dios. Si el Espiritismo negase la existencia de Dios, del alma, su individualidad y su inmortalidad, las penas y las recompensas futuras, el libre albedrío del hombre; si se enseñase que cada uno vive para sí en la Tierra, que sólo en sí debe pensar, sería no sólo contrario a la religión católica, sino a todas las religiones del mundo; sería la negación de todas las leyes morales, base de todas las sociedades humanas. Lejos de esto, los espíritus proclaman un Dios único, soberanamente justo y bueno; dicen que el hombre es libre y responsable de sus actos, remunerando según el bien o el mal que haya hecho; ponen por encima de todas las virtudes la caridad evangélica y esta regla sublime enseñada por Cristo: Hacer a los otros lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Continúa leyendo »
Archivo de Junio 22, 2008
Quién de nosotros no escuchó o leyó, en alguna parte, casos de personas afligidas que recibieron auxilio de personas desconocidas con las cuales conversan, mantienen contactos materiales como apretón de manos, curaciones, apoyo, etc… y que después descubren que el benefactor ya había desencarnado en la época de la ayuda.
Esos hechos son relatados por personas de las más diversas religiones, lo que les da más autenticidad. Otras veces, el benefactor desaparece totalmente. Buscado no es encontrado, fue visto, pero es desconocido en la región. Prácticamente desaparece en el aire. Si en aquellos hechos es indiscutible que el auxilio fue de origen espiritual, en estos paira la duda. Para unos, continúan siendo espíritus protectores o ángeles de la guarda. Para otros, simplemente un viajante caritativo. Continúa leyendo »
Tengo nubes a mi alrededor
tan oscuras como la noche,
mi alma cansada está,
de tanto luchar con reproche,
mi alma busca sin parar,
una luz en esta noche. Continúa leyendo »
Mentalicemos a la criatura recogida en una prisión para relacionar sus problemas aflictivos. Casi siempre llora sin lágrimas bajo el azote del remordimiento que le hiere el espíritu, arrepintiéndose, tardíamente, de la culpa que podría haber evitado al precio de la complacencia.
Día y noche, el reloj le marca los instantes amargos que se acumulan en cristalizaciones de angustia que, frecuentemente, rayan en la desesperanza. Padece dolorosas exclusiones sociales, en compulsoria distancia de aquellos que más ama.
Recibe sorpresas ingratas en la situación a la que se ve relegada, sea en la compañía de los elementos inferiores que participan de la penitencia o en la hostilidad de aquellos que se le erigen, por enemigos sonrientes de la cárcel. Más allá de todo, además es obligada a perder los patrimonios del tiempo, dado que la reclusión le substrae preciosas oportunidades de pulimento y progreso. Continúa leyendo »