El Sexo
27 de Junio de 2008 | 17:15h

Los Espíritus adultos saben que por ahora, en la Tierra, nadie puede en sana conciencia, trazar la frontera entre la normalidad y anormalidad, en las cuestiones afectivas de sentido profundo. Los pregoneros de moral rigurosa, en asuntos de amor, pocas veces no caen en las situaciones que ellos mismos condenan.
André Luiz

El espírita, en el complejo terreno de las relaciones y los sentimientos, le toca una actitud abierta y natural, profundamente respetuosa. Si es invitado a opinar, o considera que alguien puede estar precisando de un consejo, de un apoyo, entonces lo hará, alejándose en todo momento de posturas propias del “hombre viejo”: falsa moral, prejuicios sociales y atavismos pseudorreligiosos… la multiplicidad de los sentimientos y los mil y un matices del alma humana, así lo exigen.

Los problemas que devienen de una sociedad pan-sexual, no son del sexo en sí mismo, sino del mensaje que está detrás de él; aquel que a través de la publicidad, el mercado y el ocio, nos impulsa a creer que el sexo es la panacea de todo conflicto, y su práctica, la máxima expresión del ser humano, reduciéndonos así (en capacidad y transcendencia) a un conglomerado de órganos, nervios y hormonas que, no obstante, están indeleblemente comandados por lo que llamamos alma o espíritu.

Herculano Pires - profesor, filósofo y escritor espírita- es claro al pronunciarse sobre este tema: el sexo, con responsabilidad y disciplina es creación de Dios. No existe nada de sucio o repugnante en el sexo. Su patología (abusos, obsesiones…) no impide la existencia de su expresión como fuente de equilibrio y trocas fluídicas importantes. Es decir, que podemos utilizarnos de él como medio para la reproducción y también manifestación de las emociones… y es desde este punto, que tenemos que aceptar que hay diversos modos de expresar la sexualidad (que va más allá del coito), que existen múltiples vías de canalización de las energías genésicas que (aún contando con el roce de la piel) pueden, sin embargo, prescindir de los órganos genitales y expresarse de muy diversos maneras.

Y es que si nos consideramos seres racionales en proceso de evolución, es para ir superando nuestra animalidad (en la trayectoria del instinto a la emoción, y de esta a la razón y la madurez emocional) no en someternos a los impulsos inferiores. Herculano dice: “La única llave que el ser dispone para sumergirse en el misterio genésico es el amor, que él pierde en la existencia, arrebatado en el delirio de las pasiones, y sólo puede superar en la trascendencia”… También añade: “La sexualidad es una forma de manifestación del Amor. Pueden andar juntos o separados. La crisis del S. XX exige una comprensión mayor del Amor”.

Y llegados a la manifestación de las emociones nos preguntamos: ¿dónde termina lo “normal” y comienza lo “anormal”? Mucho me temo que no se puede hablar de normalidad y anormalidad, habría que considerar lo positivo o negativo dentro de cualquier conducta (independientemente de la polaridad o la inclinación sexual).

No existe un modelo de manifestación del afecto (el binomio hombre-mujer), sino el cariño y la afinidad entre almas, independientemente del ropaje físico y la estructura psico-biológica que presenten. El amor real une igualmente a personas del mismo sexo, porque su mecánica interna es finalidad, es unir espíritus, y no unir sexos o cuerpos, desde el principio de los tiempos, el Amor es un concepto vasto y sus ramificaciones son infinitas. Otra cosas diferente es la manifestación de la sexualidad, que entre personas del mismo sexo, nos reportaría matizaciones a tener en cuenta.

Lejos como aún estamos de poseer una madurez emocional e intelectual fluidas y propias de Espíritus sabios, debemos ser prudentes y juiciosos, comprensivos, a la hora de juzgar en materia de sentimientos; porque, con frecuencia, caemos en posturas criticonas, moralistas o abiertamente discriminatorias, evidenciando así que somos espíritus con más prepotencia que verdadero saber, aún moviéndonos en la influencia psicológica…Respecto al tacto: no tenemos ni la ciencia ni el amor suficientes para ser jueces o lanzar opiniones extremistas, sobre todo en este asunto complejo de las emociones, y por lo mismo, del patrimonio del alma adquirido en las múltiples existencias. Hasta tanto podamos hablar con la propiedad espiritual adecuada; respetemos, comprendamos y reflexionemos.

Juanma (Córdoba)

Texto extraído de la Federación Espirita Española.
http://www.espiritismo.cc/

SEXO VICIOSO

1–¿La homosexualidad es siempre resultado del desacierto psicología/morfología?
Puede ser mero vicio. Hay personas que pasaron por experiencias homosexuales en la adolescencia o incluso en la edad adulta. Se mezclaron y se complacen en ello.

2–¿Y la bisexualidad?
La relación con los dos sexos caracteriza bien el comportamiento vicioso, generalmente resultante del ansia por nuevas sensaciones, en el individuo obcecado por el placer sexual.

3–¿Qué diferencia hay entre el travestido y el viciado?
El travestí tiene una inversión psicológica, lo que no ocurre con el viciado. Hay hombres envueltos con la homosexualidad que son varoniles; hay lesbianas que son extremamente femeninas.

4–¿Cuál es la peor situación?
La del viciado, sin duda. El travestí, generalmente, está enfrentando un karma. Y el viciado está comprometiendo el futuro. En el primer caso tenemos una cosecha de espinos. En el segundo, una siembra.

5–¿Se puede reprobar al homosexual por vicioso?
Jesús dejó bien claro que no debemos juzgar a nadie. Pero, considerando que la vida siempre cobra pesados impuestos sobre los placeres del vicio, debería esforzarse por superarlo, así como los fumadores, alcohólicos, toxicómanos, glotones…

6–¿Sería oportuno buscarle un Centro Espírita? ¿Hay condiciones para ayudarlo?
Sin duda. Generalmente la homosexualidad viciosa está asociada a la obsesión, a la influencia de Espíritus desajustados. Sometiéndose al tratamiento espiritual y buscando el entendimiento de su problema, el viciado tendrá condiciones para enfrentar sus condicionamientos y la represión espiritual.

7–¿Podrá superar el problema?
Como ocurre con todo viciado, depende de él, de la firmeza de su decisión, de la perseverancia en los buenos propósitos y, sobretodo, de ser consciente de que es preciso vencer el vicio.

8–¿Qué sería fundamental?
Cambiar su orientación de vida, iniciándose en la práctica del Bien, en el empeño por participar de movimientos filantrópicos y espiritualizantes. Los desvíos del sexo acostumbran a venir en la fase del vacío existencial. Cuando la persona no alimenta ideales, ni participa en el trabajo del Bien, tiende a desviarse con facilidad.

Extraído del libro
REENCARNACIÓN TODO LO QUE USTED NECESITA SABER
Richard Simonetti

Disturbios de la sexualidad

La sexualidad es una fuerza poderosa, inherente a todos los seres humanos, que los acompaña desde los principios de la Creación y se destina básicamente a la perpetuación de la especie. A través de la misma, el ser humano fue elevado a la condición de participar de la obra de Dios, para la creación de nuevos seres humanos. La dinámica de la actividad sexual no está relacionada simplemente a los órganos genitales, ni a una función fisiológica resultante de factores hormonales, sino subordinada al control del alma que actúa a través del pensamiento, sobre todo el organismo, siendo la función sexual, de carácter amplio, vinculada a la participación de todo el ser. André Luiz, en el libro En El Mundo Mayor, explica que “La sede del sexo no se encuentra en el cuerpo grosero, sino en el alma, en su sublime organización”.

Los disturbios de la sexualidad y los desvíos pasionales que la envuelven, expresan, simplemente, conflictos del alma. Entre los pueblos primitivos, la actividad sexual era liderada por el hombre, y se encaminaba para la posesión absoluta de la mujer, con la finalidad fundamental de servirle para las pasiones sexuales. La personalidad marcadamente activa del hombre predominaba sobre el comportamiento relativamente pasivo de la mujer, situación que se establecía igualmente en las demás relaciones humanas.

Con el correr de los tiempos, los seres humanos, sometidos a experiencias y reveses, a través de generaciones, en los milenios que nos separan del hombre primitivo, viene conquistando cierto grado de evolución que se procesa vagamente, y que se manifiesta por el compañerismo y sutileza en la relación entre personas de sexos diferentes, inclusive en las relaciones sexuales.

La mujer viene alcanzando, progresivamente, su lugar de participación en situación de igualdad en todos los campos de actividad humana, como hija, hermana, madre, esposa, suegra, amiga o compañera, liderando movimientos, ennobleciendo la vida con su participación en las labores del hogar y en los múltiples sectores de la sociedad.

La participación de la función sexual es muy importante en la formación del psiquísmo humano y los niños deben ser educados conforme su constitución orgánica. Tanto entre adolescentes como entre adultos, muchas personas tienen la sexualidad en la mente, y son motivadas predominantemente en función de la misma, en todos los actos de la vida. Aunque el sexo no sea una actividad indigna, menos noble, pecaminosa, debe tener su connotación exacta, sin ocupar parte tan importante de la vida mental de los seres humanos. El sexo debe ser aceptado con naturalidad, como necesario y fundamental para la aproximación de los seres y para la perpetuación de la especie..Y aunque no haya el desarrollo de la función sexual, la relación entre personas de sexos diferentes es siempre más amistosa, propiciando mayor entendimiento entre las personas. Siendo la relación entre personas de sexos diferentes basada en la magia de la sexualidad, que las aproxima y compone la base para la constitución de las familias, la motivación esencial para el establecimiento de una relación amigable es cordial, de respeto y amor entre las mismas. Pero existe, principalmente entre los pueblos occidentales, cierto preconcepto de culpabilidad, relacionado a la actividad sexual, oriunda de arquetipos que remontan a los antepasados, resultantes de atavismos religiosos y culturales, que pesan bajo la forma de una posible violación moral, relacionada a la desobediencia de Eva, que causó, a los seres humanos, la pérdida de su encantado paraíso.

En la segunda Epístola a los Corintios, San Pablo apóstol, habla de las influencias que pueden corromper la conducta del ser humano: “Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo” (II Cor 11, 3).

De esa enseñanza del apóstol a los gentiles, podemos deducir que la persona debe tener el control de sus emociones y no desviarse hacia los caminos tortuosos de la vida. No puede dejar de ponderarse la necesidad del control y de la disciplina de las energía sexuales, en el campo psicofísico, que puede dar, al ser humano, nuevas dimensiones que lo elevan más allá de la animalidad, constituyendo la energía creadora y modeladora de nuestros organismos, proporcionando a los espíritus la oportunidad de participar, conjuntamente con los seres humanos, a través de la reencarnación, en la obra de la Creación. Sin el sexo no habría perpetuidad de los seres humanos en el mundo y no habría, igualmente, la oportunidad de participación de los espíritus comprometidos con su evolución, y que tienen en la reencarnación la oportunidad de realizar su perfeccionamiento.

Los desequilibrios del pensamiento, motivados por trastornos del alma, pueden acarrear disturbios de la función sexual, hacia la anormalidad, hacia la lujuria, hacia diferentes tipos de desórdenes, que causan al ser humano serios problemas físicos, psíquicos, emocionales, morales y sociales. La homosexualidad, tan generalizado en todos los países, no constituye una anomalía de la Creación, sino la vivencia escogida por el Espíritu, que imprime al organismo sus propios sentimientos, de masculinidad o de feminidad, independientemente de su constitución física.

El Espíritu, respetadas las leyes de la herencia, participa activamente en la constitución del ser humano, desde su formación en el organismo materno, y durante toda su existencia. Teniendo el periespíritu su Modelo Organizador Biológico, posee la capacidad de transmitir, al ser en formación y, durante toda la vida, las impregnaciones kármicas resultantes de su anterior existencia, entre las cuales las que orientan su conducta hacia una vivencia predominantemente masculina o femenina.

Según Allan Kardec, en El Libro de los Espíritus, ítem 200, hay la indagación “¿Tienen sexo los espíritus?”. Y la respuesta dice: “Como comprendéis vosotros, no, porque los sexos dependen del organismo. Existe entre ellos amor y simpatía, pero fundado en la semejanza de sentimientos. Y en la misma página, en el ítem 202, existe otra pregunta: “Cuando somos espíritus, ¿preferimos encarnarnos en el cuerpo de un hombre o de una mujer?. Y la respuesta dice: “Poco le importa al espíritu, porque depende de las pruebas que ha de sufrir”.

Complementando la respuesta a la pregunta 202, Allan Kardec dice que: “Los espíritus renacen tanto en hombres como en mujeres, porque carecen de sexo. Como deben progresar en todo, cada sexo, lo mismo que cada posición social, les ofrece pruebas y deberes especiales y ocasión de adquirir experiencia. El que fuese siempre hombre, no sabría más que lo que saben los hombres”. Y sabemos que las experiencias constituyen, muchas veces, peldaños importantes para la evolución espiritual.

Siendo la reencarnación una modalidad de supervivencia escogida por el propio Espíritu, todos los seres humanos están comprometidos con la necesidad de su propia evolución espiritual, debiendo esforzarse para mantener una vida digna y edificante. No hay duda, entre tanto, que si esas experiencias, bien como faltas que resultan de disturbios de la sexualidad, vienen a constituir motivo de escándalos en la sociedad, los seres responsables tendrán que responder por los males morales que puedan causar, como está en San Lucas: “Y dice a los discípulos: “Imposible es que no vengan escándalos; más ¡ay de aquél por quien vienen!” (Lc 17, 1). Y lo mismo se encuentra en San Mateo: “Ay del mundo por escándalos! Porque necesario es que vengan escándalos; más ¡ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!” (Mt 18, 7).

El comportamiento psíquico y social de cada uno es el resultado de su formación mental, y de las adquisiciones evolutivas y culturales que el alma haya alcanzado, y no hay justificación para la exteriorización de excentricidades que puedan constituir agresiones a los patrones de ética de la colectividad a que pertenece. Las personas deben respetarse mutuamente, cualquiera que sean sus peculiaridades personales y sus condiciones económicas y sociales. Deben portarse como almas vivientes, que disfrutan del derecho a la fraternidad, al respeto y al amor que deben dirigir la conducta de los seres humanos. El control y la disciplina de las energías sexuales contribuyen para el fortalecimiento de la voluntad, y promueven el perfeccionamiento del alma que comanda los diferentes sectores de la vida humana.

Desde la juventud, el ser humano debe, antes de nada, aprender a gobernarse dignamente, en el campo de sus diferentes capacitaciones físicas y, principalmente, en el de la energía sexual, procurando obrar con responsabilidad, pues la misma constituye el áncora de la relación con los demás seres humanos, y que se manifiesta a través de la conducta de cada uno, marcadamente masculina y femenina. Nadie recibe la energía sexual para desperdiciarla en actividades fútiles. Ella constituye una conquista de milenios de la humanidad, una adquisición colectiva que engrandece la vida humana. En la práctica, la actividad sexual visa el placer, la satisfacción física y emocional, no siendo raro su desvío hacia la prostitución y hacia perversiones sexuales. Son acciones que pueden tener sus raíces en los pensamientos negativos, de promiscuidad y de lujuria. Otras veces son motivadas por las dificultades económicas y sociales, por la ociosidad, por el acceso a las bebidas alcohólicas, a las drogas, promoviendo el desvirtuamiento de la propia dignidad de una de las más bellas manifestaciones de la actividad humana, que por sí misma constituye la ejemplificación del amor que aproxima a las personas, la base para la constitución de la familia y de la sociedad.

El estudio de las manifestaciones relacionadas con la sexualidad en la vida humana, de acuerdo con la teoría de Freud, muestra que ella está presente desde los primeros días de vida, fundamentada en las fases oral y anal de su desarrollo psicofisiológico.

La primera se realiza por acciones que se manifiestan por diferentes formas de placer oral, como los observados por la tendencia de los niños a llevar cosas a la boca, o cuando procura ávidamente el seno materno, y que tiene continuidad en el placer de usar el chupete, de chupar el dedo o de roer las uñas. Son actividades que pueden manifestarse, durante la vida, por otras formas de satisfacción oral, como en el acto de comer, de fumar, de beber, o de realizar la modalidad oral del placer sexual. Y lo mismo ocurre con relación a la fase anal, cuando el niño realiza normalmente el acto de evacuación, que puede ser seguido de la inocente alegría de llamar la atención de las personas presentes, para el mismo, manifestación que en general es bien recibida por los adultos, visto que constituye una función biológica muy importante para el organismo. Más tarde, la reminiscencia inconsciente de ese acto, puede revelarse por el placer de practicar el coito anal, conducta que puede ser complementada por manifestaciones de euforia, a través de gestos, actitudes o exhibicionismos ostensivos, que pueden herir los patrones de ética de la sociedad.

El placer, por sí mismo, no es condenado, visto que el ser humano vive siempre empeñado en la búsqueda de alguna forma de satisfacción, como de estar bien hecho, cuando realiza alguna actividad, al satisfacerse intelectualmente, al adquirir nuevos conocimientos, al participar de reuniones y actividades científicas, artísticas, deportivas, religiosas o culturales, en la alegría espiritual que encuentra, con sutileza, en los momentos de elevación a Dios, durante la oración o en la realización de algún acto de solidaridad humana, al sentirse con buena salud, durante la alimentación, al practicar un deporte, una actividad artística o un paseo. Muchas veces, ciertas personas son movidas por disturbios emocionales y pueden envolverse en actividades sexuales poco edificantes, como el lenocinio, o dirigirse a relaciones irrespetuosas a la vida y no dudar en practicar estupros, realizar agresiones y subversiones de menores, la perversión de la moral, cayendo en estado de completa degradación. Son actividades en que el alma, por invigilancia, comete acciones que manchan su comportamiento, siendo frecuentemente incapaz de establecer el control de sus propios actos, aunque esté dotada, potencialmente, de la capacidad de comandar todas las actividades de la vida. Esas observaciones muestran la importancia de promoverse en la Educación Integral del ser humano, empezando por la educación familiar, antes ya del nacimiento de niño, proporcionando a la misma el cariño, la atención, el ejemplo, el respeto, la seguridad y el amor, manifestados por los padres y por la familia, dándole la oportunidad de desarrollar su afectividad sin las distorsiones que pueden llevar a disturbios de la personalidad.

Esa atención debe posibilitar los conocimientos iniciales sobre los órganos genitales y sus funciones, y las diferencias fundamentales entre los seres humanos, mostrando, igualmente, las particularidades de comportamiento entre los niños y las niñas. A esa fase le sigue la Educación Sexual en las escuelas, contando con la presencia de compañeros, extraños al ambiente familiar, mostrando la importancia social de la sexualidad, ya en las fases iniciales del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, en la pubertad y adolescencia, que se manifiestan por los cambios que ocurren en el cuerpo humano, en la voz, en el comportamiento y en las características personales de cada uno. Es el momento oportuno para transmitir a los jóvenes los principios fundamentales para la práctica de una relación sana y normal entre las personas de sexos diferentes, mostrándoles el riesgo a que están sujetos frente a las enfermedades sexualmente transmisibles, como el sida, enfermedades que pueden ser evitadas, cuando son observadas con los debidos cuidados.

Aparte de la Educación Sexual para jóvenes y adolescentes, mostrándoles la anatomía y fisiología de los genitales, sin mistificaciones, la sociedad, a través de la familia, de la escuela y de las instituciones religiosas, puede proporcionar, directa o indirectamente, la oportunidad de ser administrados los conceptos básicos de la Educación Espiritual que consiste en el reconocimiento de la realidad del alma, según la cual el ser humano fue hecho alma viviente, merecedora de la atención, del respeto y del amor que deben envolver a los seres humanos. No se puede negar la importancia de la Educación Espiritual desde los primeros años de vida, mostrando al niño que él es un Espíritu encarnado, un alma viviente, que tiene el compromiso de vivir de acuerdo con su naturaleza espiritual, aunque deba disfrutar de la alegría y de las regalías que el cuerpo físico le puede proporcionar.

Juana de Angelis, en el libro El Ser Consciente, explica que “el sexo es el instrumento para la perpetuación de la especie, no siendo acreedor de ninguna condenación. El ultraje y la vulgaridad, la nobleza y la elevación amorosa mediante los cuales se expresa, dependen de su usuario y no de su función en sí misma”.

La insigne autora habla del sexo que puede realizarse con nobleza y elevación espiritual lo que, naturalmente, constituye una oportunidad para existir cambios de energías edificantes para los que de él participan..La práctica de la sexualidad no es incompatible con el sentimiento religioso, visto que la dignidad del ser humano no está relacionada a la misma, sino al alma que comanda todos los actos de la vida. La persona debe tener una idea elevada de sí misma, de su propia vida, de su propio valor, reconociendo que es un alma inmortal y que tiene un mensaje de luz y de amor fraterno, cuyo brillo es como el de una estrella en el firmamento, que ilumina continuamente su propio campo de actividad.

Extraído del libro “Enfermedades del alma”

Un comentario en este artículo

  • Carlos ErnestoCabrera Miranda
    29 de Junio de 2008 | 01:02h

    Artículos muy importantes, para satisfacer algunas dudas sobre la actuación del hombre en su vida en familia y en sociedad. El sexo, el dinero, el poder, son aspectos de la existencia que no hemos llegado a comprender a cabalidad y la vorágine de la ciencia , del mercantilismo, del placer, nos absorben en su fuerza. Tengo hoy la suerte de reencontrarme con el conocmiento espiritual. he tenido cierto contacto con algunas obras de Ramatís,y el conocimiento Espírita, ahora, que , gracias a dios, encontré este espacio voy a estar en mayor contacto con este valioso conocimiento.
    Gracias

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