Cuando abrazas a tu hijo, en la comodidad doméstica, quedan esos otros niños que van de jornadas sin hogar.
Dispones de alimento abundante para que tu hijo se mantenga en línea de robustez. Esos otros niños, sin embargo, caminan desorientados, aguardando los restos que la mesa les sobra, con displicencia, el pasto terminado.
Escoges la ropa noble y limpia que tu hijo vestirá, conforme la estación.
Mientras tanto, esos otros niños tremen de frío, recubiertos de harapos.
Defiendes a tu hijo de la intemperie, bajo el techo acogedor, sustentándolo con la apariencia de joya de cofre.
Mientras que, esos otros niños dormitan somnolientos en la vía pública, si es que no se estiran en el espacio asfixiante del desagüe.
Abres los tesoros de la escuela, al mirar deslumbrado de tu hijo. Y esos otros niños suspiran en vano por la luz del alfabeto, acabando, muchas veces, encerrados en el cubículo de las prisiones, frente a la ignorancia que les ciega la existencia.
Conduces a tu hijo al examen de pediatras distintos siempre que muestre leve dolor de cabeza. Sin embargo, esos otros niños mimados por molestias atroces, agonizan en lechos de piedra, sin que una mano amiga los socorra.
Ofreces a los sentidos de tu hijo, la fiesta permanente de las sugerencias felices, a través de la educación incesante.
Sin embargo, esos otros niños guardan ojos y oídos casi sintonizados en el lodo abismal de las tinieblas.
¡Acaricia, así, a tu hijo en el trono familiar, pero baja al patio de la desdicha, donde esos otros niños se agitan en la sombra o desespero y ayúdalas cuanto puedas!
Quien sirve en el amor de Cristo, sabe que la buena palabra y el gesto de cariño, el pedazo de pan y la pieza de vestimenta, el frasco de remedio y la taza de leche operan maravillas. Proclamas a cada paso que esperas confiado el esplendor del futuro pero, mientras esos otros niños lloren desamparados, clamaremos en vano por un mundo mejor.
Espiritu: EMMANUEL
Médium: Francisco Cândido Xavier
Del Libro: “Religião dos Espíritos” - Edición FEB
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