Quien pudiera ver, admirar y tocas a Dios

Dice el creyente

De Dios seáis todos protegidos. Que Su luz invada siempre vuestras almas, que Su gloria os glorifique constantemente, que vuestros corazones se hallen sin cesar al unísono en cantar Su grandeza, Su amor y Su potestad y que vuestra vida se deslice tranquila y dichosa en los días que El tenga dispuesto para todos vosotros.

-Así sea, querido hermano.

-Es muy corriente en los hijos de Dios acordarse muy poco de su bendito Padre. Todos, ante la imposibilidad de verle, tocarle o admirarle como a un ser material, dudan de Su presencia, Su acción, Su poder, Su influencia, Su luz y Su gran potestad.

Y aunque en lo más íntimo de sus almas todos tienen pruebas de Su existencia, no Lo santifican o no Lo veneran ni Lo ponen en el lugar pre­dilecto de su alma porque todavía el hombre de la tierra no tiene la fe, la virtud ni la constancia necesarias para verlo, amarlo y bendecirlo constantemente.

Con mucha frecuencia dice el hombre puro y creyente: ¡Quién pudiera ver a Dios; quién pudiera tomarlo…, admirarlo…! Y nosotros le decimos: «Cuando te levantes (después que tu espíritu ha regresado al cuerpo para llevar a cabo la labor diaria) asómate a tu ventana y da los buenos días a esa luz esplendorosa, constante, pura, grandiosa y sublime que te manda Dios para que puedas enseñorearte en Su magnificante obra. Observa como es tan ingente qua no puedes mirarla. Sus potentes rayos te deslumbran y mortifican la vista, pero al propio tiempo tu alma vibra de gratil por tanta luz y tanta vida que para todos reparte Aquel que todo ha creado.

¡No pidas, hombre, querer ver a Dios, que ya lo estás viendo!

Cuando el lucero matutino asoma por el horizonte con su bella luz los pajarillos en el bosque comienzan a cantar hosanna al Todo poderoso Son plegarias que se elevan a Dios tan bellas y musicales, como si en ; pechos tuviesen armonius benditos. ¡No preguntes, entonces, dónde está Dios!… Oyelo a través de los cánticos sencillos, magníficos y espontáneos de esos pajarillos que habrán hecho vibrar tu alma, sensibilizando sentimiento que, identificado con ellos y con la belleza natural que rodea, cantarás también gloria al Creador que los ha hecho tan lindos ágiles y sencillos para que, viéndolos y oyéndolos, te deleites en Su obra…..

Sube a un monte, cuanto más alto mejor, y en una noche estrelle eleva tu mirada al cielo, infinito donde tienes siempre presente esa creación maravillosa y espectacular que el hombre jamás podrá medir, comprender ni conocer en su totalidad, porque no tiene límites, es infinita pero admírala detenidamente porque Dios la ha puesto allí para que engrandezcas viendo y admirando Su obra, para que te multipliques observando sus múltiples y maravillosas luces y para que seas fuerte e inmensamente sabio estudiando y analizando la magnitud del cosmos en infinitas constelaciones y galaxias creadas por El.

¡No desees, después de todo esto, verlo, porque lo estás viendo! También lo puedes ver en ti mismo: Deja un instante tu alma tranquila, obsérvate atentamente. Verás qué arsenal de cosas grandes tienes a disposición: oyes, ves, tocas, hueles y puedes expresar tus deseos y pensamientos… Puedes distinguir lo bello de lo feo, lo bueno de lo malo, correcto de lo incorrecto, lo perfecto de lo imperfecto… Intuyes cómo a ti tienes una trayectoria inmensa e infinita, como infinita es la grandeza, de Dios y que tu espíritu eterno, sin límites en su proyección, expansión y progreso te llevará a aquellos lugares que lo desees con sólo los atributos del pensamiento bendito que te ha dado Dios. Obsérvate una vez mas hombre, hazlo muy atentamente y cuando te hayas observado bien, estudiando y analizando cuanto existe y te rodea te sentirás optimista, seguro y dichoso porque habrás constatado que detrás de todo está DIOS dirigiendo tu camino, dándote la mano si caes, enseñándote los caminos perfección y progreso y diciéndole a tu alma que contemple el infinito y se sature de cosas eternas y espirituales para que tus pensamientos, percep­ciones y conocimientos sean cada vez más elevados y amplios y puedan acercarse más y más a Aquel foco bendito e inmenso de donde parten todas las creaciones. Sí, hermanos, allí tenéis a Dios y también lo tenéis aquí, en vosotros mismos, en vuestro pensamiento y en todo vuestro ser.

Cuando tengáis dolores no os desesperéis. Está Dios allí curándoos, esperando que venga el momento exacto para que se cumpla en vosotros la ley, esa ley exacta, inexorable y perfecta que dirige, regula y equilibra vuestra trayectoria espiritual.

Abrazaos unos a otros con el impulso bendito de vuestro sentimiento que se justifica en la igualdad de todos Sus hijos, y «ser perfectos, como vuestro Padre que está en toda Su creación, es perfecto».

Y amándoos como hermanos muy queridos, enseñándoos unos a otros el camino verdadero para alcanzar la perfección y elevación del espíritu, conseguiréis el perdón del Padre y, al ser perdonados, alcanzaréis la dicha completa, gozando de la luz y la contemplación de todo lo bello, sublime y eterno de Su creación.

Que de El seáis muy benditos.

Jaén, 21 de febrero de 1975.

Extraído del libro “Desde La Otra Vida.”

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