Archivo de la categoría ‘Amalia D Soler’

La esclavitud

En paginas de sangre, escrita esta la historia,
que guarda tus anales, mezquina humanidad;
¡que lucha tan horrible!. ¡Que trágica victoria
obtuvo sobre el débil tu fuerte voluntad!.

Tus siglos de barbarie, de locos sacrificios,
tus ídolos, tus dioses, tu impura condición;
tu pompa, tu riqueza, tus crímenes, tus vicios,
pasaron como pasa rugiendo el aquilón. Continúa leyendo »

La voz de Dios

¿Qué es la creación sin el Espiritismo? ¿Qué es la vida sin la esperanza del mañana? La creación es una obra incompleta. La vida un caos, el amor un manantial de desengaños. La caridad la primera piedra que sirve de base a la ingratitud. La tierra sin el Espiritismo nos parecería un nido de víboras.

Considerando el hombre, vale tan poco, tan poco…, que si lo contempláramos demasiado, si lo examináramos con detenimiento, haríamos como Diógenes, nos meteríamos en un túnel, huyendo del contacto de la humanidad.

¡La sociedad!. Esa necesidad imperiosa de la civilización, ese cambio de palabras y de sonrisas, de agasajos y de mentiras, de ideas y de hechos, produce nauseas cuando se penetra en su fondo. Continúa leyendo »

Ecos familiares

Melodía puesta en música a una sola voz con acompañamiento de piano o armonium

Venid a mí los que lloran,
los que imploran una mirada de amor;
los que vivís abrumados
y agobiados bajo el peso del dolor.

No temáis dejar la tierra
porque encierra vuestro cariño ideal,
porque tras la azul esfera
os espera
la familia universal.

Vuestros hijos,
vuestras madres;
vuestros padres,
cuantos os dieron el ser,
todos viven y aun os aman y reclaman
vuestra ternura de ayer,
Venid,
venid que la vida extinguida
jamás la veréis, jamás.

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Valor del tiempo

Venimos a la Tierra con el deseo de progresar, con el firme propó­sito de trabajar y emplear el tiempo provechosamente; mas el orgullo nos estaciona, la indolencia nos hace huir del trabajo, y he aquí que pa­samos toda una existencia sumidos en el error, envueltos en la igno­rancia, consagrados a la superstición, o víctimas de cruel escepticismo.

Colocados en la escabrosa senda de la vida, no sabemos a dónde di­rigir los pasos. Nuestra vida se extiende al infinito, como queriendo buscar un más allá; contemplamos el espacio indefinido y sonreímos: bajamos los ojos a la Tierra, y una nube de tristeza envuelve nuestro ser; la soledad nos aterra; el inmenso vacío que hallamos en derredor, nos aflige; el valor nos falta, y abandonándonos completamente, cae­mos desfallecidos bajo el peso de nuestra misma debilidad. Y entre tanto, ¿qué hemos hecho? Continúa leyendo »

En el campo

¡Qué bien me encuentro aquí! De mi existencia, de mi lucha tenaz cesa el estrago; y duerme mi cansada inteligencia sintiendo dul­ce y bienhechor halago.
¡Todo me encanta aquí! Purpúreas flo­res, verde follaje en la enramada umbría, y en el canto de los prados ruiseñores que no tiene rival su melodía!
¡Quién pudiera vivir con este sueño dulce, apacible, lánguido, tranquilo, sin la lu­cha tenaz y el rudo empeño por tener en la Tierra un pobre asilo!
¡Luchar por la existencia! ¡Dar la vida por la vida de afanes y de abrojos! Trabajar con angustia sin medida sembrando amor… y reco­giendo enojos…
“¿Y crees que se progresa en dulce calma?” (esta pregunta resonó en mi oído)
“Hay que alcanzar la victoriosa palma después de combatir y haber vencido” Continúa leyendo »

El fanatismo y sus consecuencias

Siguiendo el curso de nuestra filosofía espiritista, fecundo manan­tial de inspiración en donde la inteligencia humana puede entregarse sin recelo alguno al estudio de las cosas, vamos a hacer algunas observaciones sobre esa fatal epidemia que tanto perjudica a la Humanidad y a la que grandes pensadores y sabios filósofos dieron el nombre de fanatismo u obstructor de las inteligencias.

Fanatismo, en su verdadero sentido, es alucinación del espíritu, demasiada credulidad en todo, pobreza moral, atmósfera que envene­na, costumbre que relaja, velo que ofusca la razón, prisión donde el espíritu gime cautivo sin desarrollo moral e intelectual, sin luz, sin aire, sin vida, sin más porvenir que el error, sin otro horizonte que las som­bras y sin más extensión que el reducido círculo de una costumbre ru­tinaria o una obcecación sin límites. Continúa leyendo »

Yo no soy la casa

I

Hablando una tarde con una amiga del corazón, nos dijo esta lo siguiente:

-Si vieras, ¡cuántas veces en Cuenca me acuerdo de ti!

-Lo creo, pues se que me quieres y el cariño recuerda siempre.

-Que mi afecto hacia ti evoca tu imagen en mi mente eso no hay que decirlo, por sabido se calla, pero es que te recuerda precisamente en los momentos que visito a algún desgraciado o hablo con un niño, pues se que te interesan los primeros y el estudio que haces con los segundos y justamente hace algún tiempo que veo con mucha frecuencia a una niña que indudablemente guarda una gran historia. Continúa leyendo »

Esperame

En busca de luz para mis cansados ojos, fui un verano a Deva, a to­mar los baños de su agitado mar, y entre los bañistas conocía un matrimonio, y simpatizamos desde los primeros momentos que nos vimos. Ella era una mujer de cuarenta y cinco años, de distinguidos modales, y el un joven de veinticinco años, de arrogante figura y porte aristocrá­tico. Siempre iban juntos, y se les oía reír y charlar alegremente. Una tarde, varios bañistas decidieron ir a pasear. Invitado Rafael, este miró a Anita, como pidiéndole permiso.

-Sí, sí, ve -dijo ella-, mientras tanto daré un paseo con Amalia.

Cuando estuvimos solas paseando, dije a mi compañera, que era simpatiquísima:

-¡Cuán feliz se conoce que es usted con su esposo! Continúa leyendo »

El amor es un mito

Era una noche hermosa de verano, cuando estábamos varios ami­gos reunidos en el Salón del Prado, en Madrid, junto a la fuente de las Cuatro Estaciones. No sé por qué, nos dio la humorada de hablar sobre el Espiritismo y el amor. La discusión era muy animada: casi todos se reían a costa del amor y del Espiritismo, echando a volar disparatadas ocurrencias y chistes graciosísimos, a que tanto se prestan las dos sublimidades, mi­radas a ras de tierra.

Nos llamó la atención la mudez de Leopoldo, el más dicharachero y el más elocuente de todos otras veces. Este joven es ilustrado y conoci­do escritor. Le preguntaron: Continúa leyendo »

Ya era tiempo

Verdaderamente ya era hora de que se le quitase a la creencia religiosa, la camisa de fuerza que le habían puesto las absurdas exigencias sociales, imponiendo una misma religión a todos los individuos, lo mismo al sabio que al ignorante; y el sentimiento religioso es tan espontáneo como el amor: se ha de sentir, y ha de ir uno a buscar la imagen que le inspire adoración, el credo cuyas palabras consigan llevar la convicción a nuestra mente.

Es inútil que se lleve al niño al templo y se le diga: póstrate y ora; si el Espíritu de aquel niño no está predispuesto para el formalismo de las religiones, nada sentirá; y decimos esto, porque lo sabemos por experiencia. Continúa leyendo »