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Caso XXVII PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Jueves, 12 de Noviembre de 2009 15:58

(Auditivo-visual-colectivo con impresión de viento muy frío).

Lo extraigo de la obra de Camille Flammarion (Lo desconocido y los Problemas Científicos). Una de mis amigas de estudios se había marchado a la India como médica, perdiéndonos de vista, pero siempre estimándonos una a la otra. Cierta vez, la noche del veintiocho al veintinueve de octubre (yo estaba entonces en Lausana, Suiza), fui despertada antes de las seis por pequeños golpes en mi puerta.

Mi cuarto de dormir daba a un pasillo que terminaba en la escalera del piso. Yo dejaba la puerta de mi cuarto entreabierta para permitir que un gran gato blanco que por entonces tenía, saliese a cazar durante la noche (la casa hervía de ratones). Los golpecitos se repitieron, pero el timbre de la noche no había tocado y yo no oí a nadie subir la escalera.

Por casualidad mis ojos cayeron sobre el gato que ocupaba su lugar habitual al pie de mi cama y él estaba sentado, con el pelo erizado, temblando y gruñendo. La puerta se movió como agitada por un leve golpe de viento y vi aparecer una forma envuelta en una especie de tejido vaporoso blanco como un velo sobre una ropa oscura, pero no pude distinguir bien su rostro.

La forma se acercó y noté un soplo glacial pasar por mí, mientras que el gato gruñía furiosamente. Instintivamente cerré los ojos y, cuando los reabrí, todo había desaparecido. El gato temblaba en su cuerpo entero, bañado en sudor. Confieso que no pensaba en mi amiga en la India, sino en otra persona.

Cerca de quince días más tarde supe de la muerte de mi amiga en la noche del 29 al 30 de octubre de 1890, en Srinagar, en Cachemira. Supe después que había sucumbido a una peritonitis. En este caso, en que la perceptora no pudo ver la cara del espíritu, no se puede decir que éste haya sido identificado como la amiga de la perceptora, fallecida aquel día a la misma hora; si bien el simple hecho de esta coincidencia ya constituye una buena presunción en el sentido de las conclusiones de la doctora Thyle.

En cierto modo esto no atañe al tema que nos ocupa, es decir, el de la percepción colectiva de manifestaciones supra normales por parte de hombres y animales. Bien, desde este punto de vista, es preciso observar que, si el gato se mostró espantado hasta el punto de sufrir temblores y abundante transpiración, esto demuestra que tuvo, a su vez, la visión de algo lo bastante anormal como para aterrorizarlo. ¿Qué podría ser esa cosa, sino la forma espectral percibida por su dueña?

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"