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Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Jueves, 04 de Febrero de 2010 16:15

El Sr. William Ford, residente en Reading, Inglaterra, escribió en los siguientes términos a Light (1921, p. 569):

En mi mocedad, yo tenía un perro pastor de raza cruzada y cola corta, destinado a reunir y conducir corderos y bueyes. Habíamos pasado juntos buenos días felices en la hacienda paterna, pero llegó el día en que los negocios nos obligaron a dejar la casa y mi perro fue dado a un viejo ranchero que residía cerca de Maidstone. Muy pronto él y el perro se hicieron amigos inseparables y, allá donde fuese el hombre, el animal lo seguía, amistad enternecedora que duró tres años.

Cierta mañana, el viejo ranchero no se levantó a la hora habitual y su hijo fue a ver qué podía significar esa infracción de las costumbres paternas. El viejo, con la mayor calma, anunció que su hora era llegada y pidió que le trajesen al perro, porque deseaba verlo una vez aún, antes de fallecer. El hijo intentó disuadir a su padre de tal afirmación, que para él era producto de una lúgubre fantasía, pero como su insistencia contrariase al viejo, fue a buscar al perro y lo llevó hasta el padre.

Tan pronto como el animal entró en el cuarto, saltó sobre la cama y empezó a hacer zalamerías al viejo dueño, pero, poco más tarde, se retiró a un rincón y empezó a aullar lamentosamente. El animal fue llevado fuera, acariciado, pero nada lograba confortarlo o hacerle callar. Acabó por retirarse a su perrera y se entregó a un abatimiento tan profundo y tan desesperado que murió a las ocho y media de la noche. Su viejo dueño lo siguió en la muerte, falleciendo a las diez. Diez años más tarde, me hallaba sentado en un centro experimental privado, y en un determinado momento el médium tuvo un sobresalto. Indagado sobre lo que había visto, respondió: Me ha parecido ver un oso, lo cual no era sino un perro. Surgió en el centro, de un salto apoyó las patas sobre las rodillas del Sr. Ford y éste lo acarició.

Hizo en seguida una descripción minuciosa del perro aparecido, que correspondía enteramente a la de mi perro pastor. El médium concluye, diciendo: Tenía un hocico que parecía sonreír. Ese detalle se adaptaba bien al animal, y yo no dudo en modo alguno de su identidad. En este caso, la premonición de muerte por parte del animal es menos interesante que en los casos precedentes, puesto que se produjo tan solo medio día antes del fallecimiento, cuando el viejo ya sabía que estaba a punto de morir.

Esas circunstancias no impiden, no obstante, que hubiese, integralmente, como en los demás casos, una percepción de muerte inminente por parte del perro. Hay, además, el episodio emocionante de la muerte del animal, a consecuencia de su profundo dolor. El último incidente de la aparición del animal durante una sesión mediúmnica, diez años después de su muerte, transforma esta narración en un caso de transición entre la presente categoría y la siguiente, en la cual tratamos de los casos de apariciones identificadas de formas de animales. En mi conjunto de hechos, no se encuentran otros ejemplos de premonición de muerte por parte de los animales, lo cual no significa, en modo alguno, que las manifestaciones de esta especie sean raras, sino tan solo que hasta el momento se ha descuidado el reunirlas. Lo que contribuye a demostrar esto es que, cuando se hace alusión a los hechos de esta naturaleza en los medios populares, esto provoca siempre narraciones de casos semejantes.

Éstas, desgraciadamente, son tan imprecisas o pasaron por tantas bocas que ya no se puede acogerlas en una clasificación científica. De ahí resulta que aunque todo contribuya a demostrar la realidad de las manifestaciones en cuestión, sería, no obstante, prematuro comentarlas, visto que su examen no será oportuno más que cuando lleguen a acumularse en cantidad suficiente los materiales brutos de los hechos, de manera a poder analizarlos, compararlos y clasificarlos según un método rigurosamente científico.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"