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Caso LXXVII (Auditivo, con anterioridad del animal sobre el hombre):
En su narración sobre los fenómenos ocurridos en el curato de Epworth, el eminente John Wesley (fundador de la secta de los metodistas), después de haber descrito extraños ruidos semejantes a los que harían objetos de hierro y de vidrio lanzados por tierra, añade: Poco después, nuestro gran bulldog Masheff corrió a refugiarse entre el señor y la señora Wesley. Mientras duraron los ruidos, él ladraba y saltaba, mordiendo el aire de un lado y de otro, y esto antes de que alguien en el aposento oyese cosa alguna, pero después de dos o tres días, él ya temblaba y se iba, arrastrándose, antes de que los ruidos recomenzasen. La familia sabía, por esta señal, lo que iba a suceder y esto no fallaba nunca…
Caso LXXVIII (Auditivo-colectivo):
Durante los fenómenos sucedidos en el cementerio de Arensburg, en la isla de Oesel, en los cuales algunos féretros fueron volteados dentro de bóvedas cerradas, acontecimientos debidamente verificados por una comisión oficial, los caballos de quienes iban al cementerio se espantaban tanto algunas veces, y se ponían tan excitados que acababan cubiertos de sudor y espuma. Algunas veces se arrojaban por tierra y parecían agonizar y, pese a los socorros que se les prestaban inmediatamente, varios murieron al cabo de uno o dos días. En este caso, como en tantos otros, aunque la comisión llevó a cabo una investigación muy minuciosa, no descubrió allí ninguna causa natural (Robert Dale Owen en Footfalls on the Boundaries of Another World, p. 186).
Caso LXXIX (Auditivo-colectivo):
En el terrible caso de la vivienda embrujada narrado al Sr. R. Dale Owen por la señora S.C. Hall, siendo ella misma testigo de los acontecimientos principales, hemos visto que el hombre embrujado no había podido sujetar un perro durante mucho tiempo: no fue posible hacerlo permanecer en el aposento ni de día ni de noche. El que tenía cuando la Señora S.C.Hall lo conoció, tan pronto como empezaron los fenómenos huyó y desapareció. (Footfalls, p. 326).
Ernesto Bozzano Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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