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Tenemos sonámbulos sublimes en el mundo, honrados por el Cristianismo por haber testimoniado, valerosos, la evidencia del Plano Espiritual. Y muchos de los más eminentes sufren los efectos de sus actividades psíquicas en la constitución fisiológica, tolerando, muchas veces, los tremendos embates de las fuerzas superiores, que glorifican la luz con las fuerzas inferiores que se enquistan en las tinieblas.
Pablo de Tarso, el apóstol intrépido, tras el comentario de sus propias visiones fuera del cuerpo denso, exclama en la segunda carta a los corintios: -“Y para que no me exaltase por las excelencias recibidas, me fue concedida una espina en la carne...”
Antón, el venerado eremita de la aldea de Coma, en Egipto, intensivamente atacado por Espíritus obsesores y en estado cataléptico, es tomado por muerto, despertando, sin embargo, entre aquellos que velaban su supuesto cadáver.
Francisco de Asís, el héroe de la humildad, escucha postrado de fiebre en Spoleto, las voces que le recomiendan retorno a la tierra natal, para el cumplimiento de su misión divina.
Antonio de Padua, el admirable franciscano, varias veces entra en sueño letárgico, alejándose del cuerpo hacia misterios santificantes.
Teresa de Ávila, la insigne doctora de la literatura religiosa en España, permanece en régimen de parada cardíaca, por cuatro días consecutivos, despertando de súbito entre cirios encendidos, cuando ya se le preparaba conveniente sepulcro en el convento de la Encarnación.
Medianeros excelsos fueron todos ellos, por las revelaciones que trajeron del Plano Divino al estrecho círculo humano. Sin embargo, fuera de la hagiografía conocida, encontramos infinidad de otros sonámbulos en todas las épocas. Sonámbulos de inteligencia ennoblecida y sonámbulos enfermos en la actividad mental. Se sabe que Mahoma recibía mensajes del más Allá, en el intervalo de convulsiones epilépticas. Dante, pese al monoideismo político, registra impresiones aspiradas por él mismo, fuera de los sentidos normales.
A través de profundas crisis letárgicas, Augusto Comte escribe su Filosofía Positiva. Frederica Hauff, en Alemania, a principios del siglo 19, enferma y postrada en cama, entra en contacto con la Esfera Espiritual. Guy de Maupassant, en Francia, se ve obsesado por las entidades desencarnadas que le inspiran los cuentos notables, habitualmente escritos por él en trance.
Van Gogh, torturado, pinta bajo influencias extrañas padeciendo accesos de locura. Y además de esos sensitivos valorados en las clases a las que nos reportamos, sorprendemos actualmente a los sonámbulos del sarcasmo que se valen de asunto tan grave, como sea el sonambulismo magnético, para motivo de hilaridad, en diversiones públicas, con evidente falta de respeto a la dignidad humana.
Sin embargo, igualmente hoy, con la bendición de Cristo, vemos a la Ciencia estudiando la hipnosis para aplicarla en el vasto mundo patológico en que le cabe operar, y a la Doctrina Espírita para revivir el Evangelio, disciplinando y amparando los fenómenos del alma, en el campo complejo de la mediumnidad, de modo a orientar la conciencia de los hombres en el camino de la Nueva Luz.
Dictado por el espíritu Emmanuel Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Religión de los Espíritus" Enviado por Mari
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