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Engaños sobre los espíritus PDF Imprimir E-mail
Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Jueves, 01 de Julio de 2010 15:35

Juzgar que todos los Espíritus benévolos que se comunican en la Tierra son voceros inmaculados. Desencarnación es la misma vida en otro plano. Considerar que ellos transmiten principios de virtud, dando consejo que nada les cuesta, cual si fuesen ángeles paseándose ociosamente por los cielos. EL profesor, para ser digno de la misión de enseñar, se ha de sentir más identificado con las disciplinas austeras que sus alumnos.

Evocarlos por cuestiones pueriles. Personas relativamente educadas son respetuosas de los horarios y actividades de los demás. Solicitarles su concurso para solucionar problemas estrictamente materiales. Ninguno de nosotros, que conocemos la satisfacción de ser útiles, impedirá las obligaciones de los demás, pues éstas les son necesarias para la conquista de la felicidad.

Censurarlos por no estar a nuestra entera disposición. Amigos sinceros y conscientes no esclavizan a sus amigos. Complicar las consultas que se les hacen con pretextos para indagar sobre el futuro de la existencia. Solamente corazones irresponsables intentarían transformar a sus seres queridos en decidores de la buenaventura.

Exigirles la revelación de la verdad total. Todos nosotros cultivamos el tacto psicológico en el trato recíproco y no ignoramos que ciertas revelaciones actúan en consonancia con los mecanismos del alma, así como determinados medicamentos solamente benefician el funcionamiento del cuerpo físico en dosis adecuadas.

Criticarlos sin consideración ni respeto por sus errores cuando se hacen presentes. La persona de buen sentido comprende con claridad el desacierto del benefactor del que ya recibió noventa y nueve favores intachables a través de medianeros imperfectos, como son los canales mediúmnicos terrestres; y también sabe que ningún enfermo jamás puede quejarse cuando él mismo procura desvirtuar, por todos los modos, los raciocinios y consejos del médico.

No desconocemos que entre la encarnación, la desencarnación y la reencarnación todos somos Espíritus en un ininterrumpido proceso evolutivo. La Doctrina Espírita es la aguja de la brújula que nos señala lo inherente a las mutuas relaciones de unos para con los otros, tanto en el plano de los encarnados como en el de los desencarnados, y ella representa orientación y luz, enseñanza y piedra de toque que sirve para nuestro pulimento. Delante de ella los Espíritus tienen sus responsabilidades; pero los hombres también.

Espíritu Andre Luiz

Extraído del libro "Opinión espírita·