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Educación y religión PDF Imprimir E-mail
J. Herculano Pires
Escrito por Administrador   
Viernes, 20 de Marzo de 2009 15:57

El problema de la aparición y del desenvolvimiento de la escuela lega, del laicismo pedagógico, tiene su fuente en tres grandes equívocos que felizmente están ahora en fase de extinción. Veámoslos:

1.- El equívoco del Materialismo, que en verdad solo apareció de manera clara, perfectamente definido, en la época moderna. Todo cuanto se consideró como materialismo en la Antigüedad solo entra en esta clasificación de manera forzada. Fue el desenvolvimiento de las Ciencias que permitió una fundamentación positiva para el Materialismo y consecuentemente a su formulación filosófica. Desde entonces surgió el conflicto Ciencia versus Religión. Los hombres cultos y los espíritus fuertes se opusieron a la enseñanza de la Religión en las escuelas por considerarlo determinante de retrocesos culturales.

En este caso, el equívoco del Materialismo estaba correcto, porque la enseñanza religiosa y su predominio en la Educación era también un peligroso y lamentable equívoco, toda vez que las religiones se equivocaban en lo tocante a puntos fundamentales del Conocimiento. El laicismo tenía por finalidad garantizar una educación libre de supersticiones y preconceptos que las religiones sembraban y estimulaban en el espíritu de los educandos.

2.- El equívoco del Espiritualismo, que partiendo de premisas ciertas, en base de las Revelaciones antiguas, se desenvolvió en varias formas de falsos silogismos, llegando a conclusiones erradas en la elaboración de sus teologías, teogonías y dogmas. Este equívoco, interpretado violentamente en el sectarismo de las Iglesias fue la razón fundamental de la lucha entre ciencia y Religión. El sectarismo violento quería apoderarse de todo, comenzando por la niñez, que desde los primeros rudimentos de comprensión debía ser absorbida por él. De ahí el dominio de la escuela, que hasta hoy no desiste, porque a través de ella el sectarismo pretende moldear la mentalidad de las generaciones.

3.- El equívoco de la Filosofía, que a través de la Gnoseología, de la Teoría del Conocimiento, acabó refrendando los dos equívocos anteriores, particularmente a partir del criticismo kantiano, que delimitó el campo del Conocimiento posible, relegando hacia lo imposible — y por lo tanto fuera del alcance científico — los problemas espirituales. La separación entre Ciencia y Religión fue entonces oficializada en el plano cultural. Si el hombre solo podía conocer a través de la Ciencia por el uso de la Razón, no había motivo alguno que justificase en las escuelas la disciplina religiosa. La escuela se tornaba instrumento de la Ciencia. La Religión debía restringirse al ámbito familiar y ser ministrada en las iglesias.

Tenemos en este cuadro, según me parece, el esquema general del nacimiento de la Escuela Lega. Los hombres de cultura tenían dos motivos bastante fuertes para rechazar a la Religión en la escuela. De un lado, ella no podía ofrecer datos positivos y por lo tanto verdaderos sobre lo que se pretendía enseñar. De otro lado su enseñanza contrariaba a la Ciencia, perjudicando la formación cultural de los alumnos, y además, creaba y estimulaba desentendimientos entre los hombres, por las pretensiones exclusivistas del sectarismo. Lejos de religar, ella en verdad desligaba y generaba conflictos insensatos, siempre extremamente violentos porque se basaban en el fanatismo.

Situación actual

Las campañas por la escuela laica avalaron al mundo y consiguieron victorias parciales muy importantes. A pesar de esto, el sectarismo religioso no desistió y no desistirá jamás de sus pretensiones, puesto que no habrá nada más insistente que el fanatismo, principalmente cuando está aliado a intereses materiales. No obstante, la situación actual en el campo del conocimiento ya trae en si misma la solución para este viejo problema. Basta que hombres responsables encaren el asunto con seriedad y procuren resolverlo en el interés superior de las colectividades, sin perjuicio hacia los sectarismos religiosos ni para los defensores de la independencia cultural.

Procuremos encarar la situación actual en los tres campos antes especificados, viendo como serían solucionados los impases seculares al respecto:

1.- El Materialismo perdió, con la rápida evolución de los conocimientos científicos en estos últimos años, sus elementos de sustentación en el campo de la Razón. El mismo concepto de materia, tanto en el Materialismo mecanicista del pasado como en el Materialismo dialéctico de hoy, perdió su sustancia. Además del descubrimiento de que la materia es una simple condensación de energía, tenemos ahora el gran paso de l física en el descubrimiento de la antimateria. En una verdadera acción de pinzas, las Ciencias Físicas de un lado y las Ciencias Psicológicas del otro, a través de las investigaciones nucleares y parapsicológicas, demostraron positivamente la existencia de otras dimensiones del Universo y por lo tanto de las cosas y de los seres. Ya se puede hablar científicamente del Otro Mundo, sin cualquier implicación religiosa, en bases puramente científicas, puesto que se admite frente de pruebas de laboratorio la existencia del mundo de la antimateria.

En Parapsicología la tesis victoriosa es la de la existencia de lo extra-físico en el hombre, demostrando la posibilidad científica de la sobrevivencia después de la muerte. Y para coronar esta conquista de lo invisible los científicos soviéticos acabaron de descubrir el cuerpo bioplasmático del hombre, un cuerpo de forma humana y de naturaleza energética, visible a través de la Cámara fotográfica Kirlian con la adaptación de lentes ópticos. Está rota la barrera kantiana entre el conocimiento positivo y el llamado conocimiento sobrenatural. No hay sobrenatural: la Naturaleza continúa en otras dimensiones, que ya están siendo incorporadas a los conocimientos racionales y sujetos a las investigaciones científicas.

2.- El Espiritualismo, hasta en el seno de las iglesias más sólidas y tradicionales, se modificó y continua modificándose profundamente, amenazado en sus fortalezas anticuadas por el avance de los conocimientos. Hay un acelerado proceso de transformación en las Iglesias, que alcanzó la propia esencia de varias de ellas obligándolas a modificar no solo la sistemática tradicional de los cultos sino también su Teología. El caso Theilhard de Chardin en la Iglesia Católica y el caso de las Nuevas Teologías en las Iglesias de la Reforma y sus constelaciones de satélites son suficientes para señalar la profundidad de la revolución habida y cuyo proceso continúa desenrollándose. Es verdad que el sectarismo fanático y retrógrado procura reaccionar, pero es evidente que sus estertores son típicamente agónicos. El fanatismo oscurantista no tiene ninguna posibilidad de mantener su dominio en los pueblos.

3.- La Filosofía está francamente de regreso a sus raíces espiritualistas, a su verdadera tradición, puesto que ella siempre fue un campo de meditación sobre los problemas del espíritu. Pasado la proporción del sarampión intelectual del Existencialismo ateo de Sartre, que puso su énfasis en la existencia y aniquilaba al Ser, la vemos de regreso, aún convaleciente, a los brazos del misticismo alemán renacido en Heidegger, con la afirmación enfática del Ser como único objeto real de la meditación filosófica. Por otro lado, la Filosofía se impuso de nuevo como el elemento fundamental y aglutinador del Conocimiento, con su plena capacidad para restablecer la unidad del Saber, hasta ahora dividido en regiones indebidamente antípodas. Entonces la situación actual se revela enteramente favorable a la solución del impase educativo creado por el fanatismo religioso. Científica y filosóficamente ya se reconoce que la Religión es una de las provincias principales del conocimiento.

Las investigaciones antropológicas, sociológicas y etnológicas, apoyadas en los datos arqueológicos y en la investigación psicológica y parapsicológica, demostraron de sobra que el hombre no es apenas el animal político de Aristóteles, sino también y sobretodo el ser religioso de Arnold Toynbee, cuyas construcciones más grandiosas tienen siempre como desembocadura su sustrato fideísta. El ecumenismo católico, aunque no tenga el poder que solo el desprendimiento, el desapego de los bienes terrenales le podría dar, no por esto deja de ser una señal de los tiempos, una prueba de que la conciliación de las creencias se impone al mundo religioso como una exigencia de la nueva situación. Como acentuó Garaudy, pasamos de la era del anatema a la era del diálogo. La Religión intenta superar el fanatismo y el pragmatismo sectario que la habían desfigurado. Vientos nuevos están soplando en la atmósfera polucionada del planeta y deberemos esperar que la renueven, apartando y extinguiendo los elementos de polución.

J. Herculano Pires
Extraído del libro "Pedagogía espirita"