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Kardec no fue apenas el iniciador de la Educación Espírita. Fue también el primer testigo de la eficacia de esta nueva forma de educar. En la Revista Espírita de Febrero de 1864, en el editorial intitulado Primeras lecciones de moral en la infancia (página 37 de la edición brasilera) analiza con ejemplos algunas contribuciones del Espiritismo para modificar la educación vigente. Y afirma: Él ya prueba su eficacia por la manera más racional como son educados los niños en las familias verdaderamente espíritas." Este testimonio de Kardec es de los más significativos por señalar como toda forma nueva de educación será inherente a una nueva concepción del mundo.
Este es un principio pacífico en filosofía educativa, pero los legos en el asunto no lo conocen. Por esto, muchas personas que hablan y escriben en el medio espírita, pudiendo ser ilustradas en otros sectores, llegan a extrañar que se hable de educación espírita, cosa que les parece extraña y descabida.
Un poco de observación les demostraría que, siendo la educación el medio de transmisión de la cultura, toda alteración fundamental en el conocimiento, en el saber, tendrá forzosamente que repercutir en la educación. Por otro lado, este testimonio de Kardec nos muestra que la Educación Espírita comenzó muy pronto, en la forma tradicional de educación familiar.
En las familias espíritas de la Francia de entonces los niños ya eran iniciados en la manera nueva de ver al mundo que el Espiritismo ofrece. El pedagogo y el educador que era Kardec no podría dejar de observar este hecho con alegría. Porque este hecho confirmaba, al mismo tiempo, el valor y la legitimidad de la Filosofía Espírita, puesto que toda Filosofía, como nos enseñan los maestros, desemboca fatalmente en una Moral, que a su vez exige una Educación para transmitirse a las nuevas generaciones.
Formación del nuevo hombre
La tarea de la Educación Espírita será la formación de un hombre nuevo. La Educación Clásica greco-romana formó al ciudadano, al hombre vinculado a la ciudad y a sus leyes, servidor del Imperio; la Educación Medieval formó al cristiano, al hombre sometido a Cristo y sujeto a la Iglesia, a la autoridad de esta y a las reglamentos eclesiásticos; la Educación Renacentista formó al gentil-hombre, sujeto a las etiquetas y normas sociales, apegado a la cultura mundana; la Educación Moderna formó al hombre esclarecido, amante de las Ciencias y de las Artes, escéptico en materia religiosa, vagamente deísta en fase de transición hacia el materialismo; la Educación Nueva formó al hombre psicológico de nuestro tiempo, ansioso por liberarse de las angustias y traumas psíquicos del pasado, sustituyendo al confesionario por el consultorio psiquiátrico y psicoanalítico, reduciendo la religión a mera convención pragmática.
En este rápido esquema tenemos una visión del desenvolvimiento del proceso educativo y de sus consecuencias. No pretendemos que sea una visión perfecta y completa. Es apenas un esbozo destinado a orientarnos en la comprensión del asunto. Y vemos que él puede darnos una idea negativa de la Educación, pero si reflexionamos al respecto veremos lo contrario. Del hombre sometido al Estado o a Dios, preso a leyes, reglas y convenciones que lo moldean y desfiguran, avanzamos hacia el hombre libre del futuro, responsable por si mismo, que llega a rebelarse contra Dios en su profunda ansia de libertad, pero siempre en búsqueda de su afirmación como Ser. Esta afirmación es la que nos trae el Espiritismo con las pruebas científicas de la sobrevivencia y la perspectiva de la inmortalidad, con la desmitificación de la muerte, con la racionalización del nebuloso concepto de Dios y de sus relaciones con el hombre, con el esclarecimiento decisivo del destino del hombre y de la razón de ser de la vida y sus peripecias.
Cabe, por lo tanto, a la Educación Espírita formar al hombre consciente del futuro, que ya comienza a aparecer en la Tierra, dueño de si, responsable directo y único por sus actos, pero al mismo tiempo reverente a Dios, en lo cual reconoce la Inteligencia Suprema del Universo, causa primera de todas las cosas. No se podrá educar a las generaciones nuevas según ninguno de los tipos anteriores de Educación. De ahí la rebeldía que vemos en las escuelas, la inquietud de la juventud, insatisfecha con el orden social y cultural, ambos obsoletos, en que se encuentran. La Educación Espírita se impone como exigencia de los tiempos. Solo ella podrá orientar a los espíritus hacia la formación del hombre nuevo, consciente de su naturaleza y de su destino, como también de pertenecer a la Humanidad cósmica y no a os exiguos límites de la humanidad terrena. Solo ella puede darnos, en este hombre nuevo, la síntesis de todas las fases de la evolución anterior, en una formulación superior.
Por que el hombre espírita, u el hombre consciente, que esta nueva Educación nos dará, será al mismo tiempo el ciudadano, el cristiano, el gentil hombre, el hombre esclarecido y el hombre psicológico, pero en la conjugación de todos estos elementos en una dimensión espiritual y cósmica. Con esto no queremos decir que toda la Humanidad se convertirá al Espiritismo, sino tan solo que los principios fundamentales del Espiritismo serán las coordenadas del futuro, marcando el ámbito conceptual y ético de la nueva formación educativa. No fue necesario que toda la Humanidad se convirtiese al Cristianismo para que los principios de este remodelasen al mundo. Lo mismo acontecerá con el Espiritismo.
La función de la Educación Espírita será por lo tanto la de abrir perspectivas nuevas al proceso educativo, adaptándolo a las necesidades nuevas que surgieron con el desenvolvimiento cultural y espiritual del hombre. Las escuelas espíritas, como las escuelas cristianas lo hicieran, serán los centros dinamizadores de la renovación. Y la Pedagogía Espírita, como lo hizo la Pedagogía Cristiana, orientará la nueva concepción educativa que está naciendo en nuestros días. Por otro lado, corrientes avanzadas de la Pedagogía Contemporánea, como especialmente la del neokantismo, representada por Kerchensteiner en Alemania y René Hubert en Francia, darán su contribución para el desenvolvimiento de esta profunda revolución educativa en marcha. Sería bueno, señalar, que los educadores espíritas procurasen profundizar en el estudio del Tratado de Pedagogía General, de Hubert, que nos parece un verdadero monumento de renovación educativa dentro de las coordenadas espíritas.
Como vemos, el nacimiento de la Educación Espírita aún no se ha completado. Comenzando con Kardec, hace más de un siglo, todavía se está procesando en nuestros días. Por esto mismo, somos todos convocados a participar de este acontecimiento espiritual, contribuyendo cada cual de la manera que pudiere para que él se complete cuanto antes.
J. Herculano Pires
Extraído del libro "Educación Espírita"
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