|
El paisaje era desolador. La guerra ya terminada había dejado marcas de muerte y destrucción en toda parte. De los escombros que restaron de la pequeña ciudad, la gente buscaba reconstruir sus viviendas. Los días pasaban y el trabajo arduo de los habitantes iba transformando las ruinas en nuevos edificios. Restaba ahora reconstruir la iglesia local para que los feligreses pudieran agradecer a Dios la bendición de la vida, pues muchos sucumbieron ante el terror de la guerra.
Poco tiempo más tarde la pequeña iglesia estaba otra vez de pie. Había, antes de las explosiones, una estatua del Cristo considerada como una verdadera obra de arte. Era necesario restaurarla. Varios artistas unidos consiguieron rescatar, entre los escombros, los pedazos de la estatua y la colocaron otra vez de pie. No obstante, a pesar de todos los esfuerzos, no encontraron las manos, que quizás se hubieran transformado en polvo.
El tiempo transcurrió y llegó el día de la inauguración del templo reconstruido. La población fue invitada a la fiesta y allí se hizo presente en la hora marcada. Todos estaban curiosos para saber si las manos del Cristo habían sido encontradas. La expectativa era grande. En el altar estaba la obra cubierta con un enorme paño blanco, esperando el momento oportuno para ser exhibida a los fieles. Y al fin, llegó la hora tan esperada. La sábana blanca fue retirada y allí estaba ella... Para sorpresa general la estatua estaba sin manos. Pero la creatividad del artista sorprendió a todos. En el lugar de las manos había una frase súplica de gran efecto: "yo no tengo manos, puedo contar sólo con las suyas".
***
No sabemos realmente lo que el artista pretendía en el momento en que escribió aquella frase, pero con seguridad podemos retirar de ella muchas reflexiones. Sabiendo que Cristo es el camino que nos conducirá al Padre, y el gran Consolador de la humanidad, deducimos que Él necesita de nuestra ayuda para ayudar a los que sufren más que nosotros. Podemos colocar nuestras manos en la labor noble, haciendo con que sean extensiones de las manos generosas del Cristo, siempre dispuestas a buenas tareas.
Nuestras manos, movidas por el corazón y la mente, son instrumentos benditos para la construcción de un mundo mejor. Manos que acarician con cariño a los hijos del infortunio. Manos que toman otras manos, enseñando y consolando. Manos que limpian heridas... Manos que se sostienen en la lid... Manos callosas de los que no temen el desafío del trabajo... Manos delicadas que puntean canciones, alegrando corazones... Manos que firman leyes justas... Manos que socorren... Manos que amparan... Manos que no paran... Las manos invisibles de los amigos espirituales que nos sostienen en nombre del Cristo.
***
"Aunque nunca vengas a necesitar de dos manos transformadas en palancas de socorro, puedes y debes extender las tuyas, porque el dolor de los otros no permitirá, aunque lo quieras, la propagación de tus sonrisas."
Historias Morales
|