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Escrito por Administrador   
Viernes, 04 de Diciembre de 2009 16:38

Aquél había sido un día diferente... La tarde caía rápida y fría y el viento en el follaje amarillento anunciaba que la llegada del invierno estaba próxima. Mateo, era un chico de diez años y se había acostumbrado a los entretenimientos placenteros de su diminuta familia, compuesta por sus padres y una hermana más pequeña que con él compartía los juegos infantiles. Pero la vida no siempre nos reserva sorpresas agradables. Era eso lo que Mateo comprendió aquel triste día en que contemplaba el cuerpo de su padre, a quien tanto amaba, extendido en un ataúd sobre la mesa. Todos secaban el llanto, pero él tenía en los ojos gruesas lágrimas que se negaban a caer. Nunca había sentido un sentimiento igual. Era como si algo dentro de su corazoncito se hubiera partido en mil pedazos. El entierro fue consumado...

La vida debería seguir su curso, pero en su hogar faltaba alguien. Faltaba la figura respetable del padre amado. Sobraba un lugar en la mesa. Sobraba el trozo de pollo predilecto del papá. El postre quedaba en el refrigerador. Y Mateo pensaba cómo soportaría tanta amargura y tanta nostalgia. Pero a pesar de todo, el regreso a la escuela, los juegos con la hermana, los paseos en el campo, las tardes en el parque, le trajeron un nuevo aliento a su corazón juvenil.

Un día, la visita de una amiga de la familia trajo de vuelta los recuerdos tristes. La madre hablaba de la falta que sentía del compañero. Decía que la nostalgia la acompañaba y que era difícil la vida después que su marido había muerto. Mateo, no muy lejos, escuchaba lo que las amigas conversaban, se acercó y dijo con el aplomo de quien tiene seguridad en lo que dice:

- Mamá, tu has dicho que papá murió, pero yo te aseguro que eso no es verdad.

La madre lo miró con ternura y deseando consolarlo, le dijo:

- Sí hijo, papá vive más allá de la cortina que de él nos separa momentáneamente.

- ¡No, mamá! Papá vive y vivirá para siempre. Él vive en mí a través de todo lo que me enseñó... Cuando soy obediente, yo lo siento en mi intimidad porque fue él quien me enseñó a obedecer. Cuando soy honesto, recuerdo la cantidad de veces que él enalteció la honestidad. Cuando perdono a mis amigos, casi lo oigo decir: "hijo, quien perdona no se enferma porque no guarda el residuo de la aflicción en la intimidad". Cuando siento que la envidia quiere instalarse en mi alma, recuerdo de haber oído de sus labios: "la envidia es un ácido corrosivo que perjudica a quien la alimenta."  Y cuando, al fin, mi corazón se llena de añoranza y pienso que no puedo soportar más, una suave brisa traspasa mi ser y oigo su voz hablando bajito: "hijo mío, yo estoy a tu lado, no lo dudes".  Es así, mamita, que yo sé que papá no ha muerto. Siento que él continúa vivo, no sólo atrás de la cortina que temporalmente nos separa, sino también a través de la herencia de amor que nos ha dejado a todos.

¡Piense en ello!

Quien desea plantar apenas por algunos días, planta flores...

Quien desea plantar para algunos años o siglos, planta árboles. Pero quien quiere plantar para la eternidad, planta ideas nobles en los corazones de los que ama. ¡Piense en eso!

Historias Morales