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En navidad me gustaría:
Que en todos los hogares hubiera paz y amor.
Que nos amáramos mucho más.
Que fuéramos más buenos entre todos nosotros.
Que nos viéramos como hermanos que somos.
Que compartiéramos nuestras alegrías con los demás.
Que compartiéramos con los demás nuestras preocupaciones.
Que ayudáramos al que lo necesita.
Que le diéramos la mano al que tropieza continuamente para que en ti vea la seguridad que a él le falta.
Que ayudáramos al hermano que odia y maldice porque su alma está ciega y así darle la mano para que encuentre el camino hacia Dios.
Que ayudáramos al niño que está desprotegido, porque en ti puede encontrar el amor que no encuentra en sus padres.
Que ayudáramos al anciano que por su vejez se siente abandonado y solo.
Hermano: Ayúdate a ti mismo a encontrar la paz de tu alma, tu soledad, el amor y tu esperanza. No te encierres en la ceguera de tu alma. Busca luz en el alma de un hermano que esté cerca de ti; no te aferres a la soledad, ni a la desconfianza, porque verás oscuridad donde no la hay.
Ama y déjate amar. Encontrarás esa paz en lo que tanto necesitas. Mira más hacia el Cielo allí donde está nuestro Padre esperando como un buen Padre que todos sus hijos regresemos a su lado, con las lecciones aprendidas. Pensemos que la muerte es la puerta que se nos abre de la prisión para que podamos encontrar la libertad y regresemos a nuestro hogar.
Nuestro Padre y nuestros hermanos, nos esperan en el más allá, aprendamos en esta escuela y borremos de nuestras mentes todas nuestras faltas y nuestros males de otras vidas. Si lloramos y sufrimos esa es la manera de quitarnos todos los defectos de nuestra alma, por eso es bueno compartir el dolor con los seres que están a nuestro lado.
Ayudémosles y nos ayudaremos a nosotros mismos y así nuestras almas, irán brillando como un lucero allá arriba en el mas allá.
Mari
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