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Dios nos bendiga a todos, hermanos queridos: Bienvenidos a los que tenéis la fe, el entendimiento y todo el amor puesto en la búsqueda de la luz, de la verdad y de la Ley de Dios. Bienvenidos a vosotros los que, pasado el período de embrión, habéis cimentado una fe ciega e inquebrantable en la realidad de la supervivencia del alma.
(La entidad saluda así a hermanos llegados desde Granada expresamente.)
Os apoyáis en el báculo que indefectiblemente os conduce por caminos rectos al conocimiento verdadero de las Leyes del Creador, salvando escollos y derroteros peligrosos. Ya vais captando los beneficios de la luz bendita que ilumina el alma, aclara la inteligencia, da fuerza y vigor a la palabra, inyecta heroísmo, caridad y valentía en la confrontación de los problemas de la vida, y da, en fin, la bendita tranquilidad que siente el alma cuando en lo íntimo y profundo de su sentimiento ha conocido la VERDAD y la LEY DE DIOS.
Al duros esta bienvenida en nombre de entidades superiores a quien se os está comunicando, os damos nuestra bendición. Entremos en otra faceta con nuestras débiles palabras: Se os viene diciendo repetidamente que sois espectadores de grandes tribulaciones; de conmociones profundas que cambiarán por completo la orientación y conducta de la humanidad. Se os dijo, y nosotros vamos a repetíroslo, que no tengáis por ello miedo alguno. Tendréis días muy fuertes, muy duros y de una paciencia sin límites, pero estar tranquilos que seréis meros observadores.
Las evoluciones de los mundos están catalogadas y prescritas por la grandiosa Ley de Dios. Para que los mundos mantengan su trayectoria ilimitada en el progreso, están sujetos a una evolución constante, siempre dirigida por los espíritus del Señor. Haciendo un bosquejo, vamos a retrotraernos al principio del espíritu, hasta los tiempos que nos está permitido conocer. Cuando los mundos se encuentran en condiciones propicias, Dios envía a ellos, para encarnarse, espíritus que están de acuerdo con su adelanto. El espíritu, como el niño, tiene que realizar un aprendizaje. Tiene que adaptarse, conocer y dominar las leyes físicas que gobiernan el mundo; tienen que recorrer, paso a paso y siglo a siglo, todos los caminos que conducen a su perfección y progreso. Dios manda a esa juventud espiritual a que trabaje y haga progresar los mundos, pero teniendo en cuenta, hermanos, que el progreso es infinito, el espíritu en esta labor tiene trayectorias y etapas muy variadas que serían interminables de enumerar. Así llega al estado en que os encontráis actualmente.
Todos podéis comprobar cómo las predicciones de JESÚS, indicadas por el Padre bendito, se están ya cumpliendo. Para que esto se desarrolle de acuerdo con las Leyes que todo lo rigen, están acercándose a vosotros espíritus elevados que intuitivamente influyen en los hombres directivos, en las colectividades, en los profesores de toda clase, para que dirijan, orienten y enseñen convenientemente para facilitar la realización del Plan Divino. Esos espíritus son invisibles y desconocidos para vosotros y, sin embargo, se hallan realizando una labor tan importante que escapa a vuestras capacidades. Al propio tiempo podéis observar cómo las mediumnidades se están proliferando, y cómo a través de ellas la palabra de Dios se viene oyendo en todas partes. Todas las tribulaciones que padecéis en el mundo están previstas para vuestros tiempos. Pero, ¡ah, hermanos míos!: El hombre que ha sido elegido para desarrollar esta transformación en bien de todos, que se le ha dado medios y facultades para su realización ordenada y equilibradamente, ha torcido desgraciadamente su trayectoria. La luz que posee quiere mediatizarla en beneficio propio.
Las leyes de la naturaleza las utiliza para fines mortíferos. La ciencia que le ha sido dada para bien de todos la está adulterando y utilizando intencionadamente con fines perversos. Estos hombres están cometiendo, de este modo, un gran pecado, que necesitarán muchos siglos para su redención. ¡Y, ¡ay!, de aquellos que están destinados a la redención de masas, porque su castigo será colectivo! Vosotros, hermanos, que tenéis un comportamiento recto y un conocimiento de lo justo y de lo injusto; vosotros que conocéis la vida porque sus embates os están martirizando constantemente, compadeced a esos colosos del mando y de la sabiduría, porque será para ellos la sentencia de JESÚS: «Que serán pocos los ricos que puedan entrar en el reino de los cielos.»
Pedir a Dios para que su trayectoria se corrija tanto para su bien como para los demás. Decíamos al principio que los tiempos de transformación se acercan. Veréis entonces cómo las torres de babel se derrumban estrepitosamente. Todo lo que ha servido para dar pábulo al egoísmo humano se derrumbará aparatosamente. Todo lo que se ha proyectado en contra de las Leyes de Dios, bajo el imperio de intereses egoístas, se enterrará bajo el predominio de la santificación de la conciencia y de la armonía reinante. Entonces veréis a Dios en todas partes, a la manera que puede verse. Tendréis la dicha de ser portadores del estandarte de la justicia y libertad universal; de una libertad bien entendida, que nunca degenera en libertinaje. Entonces los mandatarios serán justos y dispondréis de códigos perfectos que determinen vuestro deber y vuestra obligación, dentro de las justas leyes de Dios. Seréis hombres conscientes. Vuestra mente y vuestro corazón serán más sensibles y captarán todo lo bello, lo bueno y toda lo perfecto del mundo que os rodea.
Vuestras miradas se elevarán arriba, donde todo es luz, amor, sabiduría y perfección; donde la majestad de Dios se refleja en toda Su creación; donde los mundos, con sus grandes trayectorias, se aman, se atraen y se corrigen; donde la Verdad, el amor, la abnegación y la fe en el Creador lo iluminan todo y donde el Evangelio que quiere JESÚS para todos nosotros es la base y guía de todas aquellas humanidades. Ser siempre comedidos en vuestras apreciaciones. No juzgar a nadie porque podemos ser juzgados y resultar con más faltas que los demás. Tener confianza siempre en Dios y procurar que vuestras próximas encarnaciones sean ya en mundos superiores donde no haga falta la materia densa que ahora soportáis y donde la vida se desarrolle dentro de un marco espiritual elevado y lleno de agradables sensaciones. Por estos motivos os decimos, con todos nuestros mejores deseos: ¡Adelante, hermanos! No volver la cara atrás. El camino es largo y penoso, pero poniendo siempre la fe en Dios resultará llevadero y agradable. Que la bendición de El sea entre todos vosotros.
Os abraza TERESA.
Jaén, 30 de enero de 1955 médium parlante. Extraído del libro "Desde La Otra Vida" Enviado por Mari
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